La llegada del domingo anunciaba la última jornada del Motocultor Festival 2026 con un plato fuerte y nuestro reencuentro con los Judas Priest de Rob Halford.
Anunciaban que las temperaturas iban a suavizarse y así lo hicieron, pero sobre todo por la noche, que ya tuvimos que echar mano de las sudaderas, tan innecesarias el resto del festival. El polvo seguía presidiendo el ambiente, pero ya poco importaba, nos habíamos acostumbrado.
Nuestra jornada de conciertos empezaba con la banda de Deathcore de Pittsburgh (Estados Unidos) Signs Of The Swam.
Poco o nada conocíamos de la Signs Of The Swam, pero era la primera banda que íbamos a ver en la última jornada del Motocultor Festival 2026. Una fecha que estaba dentro de la gira europea de Signs Of The Swan para presentar “Amongst the Low & Empty y To Rid Myself of Truth” su último disco de 2025.
Sobre uno de los escenarios principales, el Suppositor Stage, Signs Of The Swam con todos sus integrantes de negro nos ofrecía su propuesta musical con una avalancha de poderosos riffs y mucha contundencia, con afinaciones bajísimas, breakdowns, blast beats y guturales extremos. Las voces de su cantante David Simonich, se movían entre distintos registros guturales, con muchos cambios de intensidad.
Reconocimos su versión del conocido “Dragula”, del clásico de Rob Zombie que levantó al público francés y que fue uno de los puntos álgidos de su concierto. “Pray For Death”, fue otro de los momentos que levantaron al personal con algún circle y con la fiesta montada en Carhaix.
Una banda contundente con un sonido algo complejo, pero que trataron de gustar a un público abierto a lo que llega desde el escenario.
Bajo un sol abrasador, nos dispusimos a disfrutar de la actuación del compositor, músico y rapero australiano Kim Dracula que transformó el escenario Dave Mustage en un auténtico laboratorio de caos sonoro, el artista confirmó por qué se ha convertido en una de las propuestas más inclasificables del metal actual.
Desde los primeros minutos quedó claro que el concierto no iba a seguir ningún patrón convencional. Kim Dracula mezcló sin complejos deathcore, nu metal, trap, electrónica y guiños teatrales, construyendo una montaña rusa musical que nos mantuvo en constante sorpresa.
La puesta en escena apostó por una estética oscura y provocadora, reforzada por cambios constantes de ritmo y actitud. Kim Dracula alternó momentos de agresividad extrema con pasajes melódicos, con los que curiosamente consiguió mantener al personal pendiente y activo, bailando, moviéndose e incluso tarareando los temas que interpretaban, La respuesta de los asistentes fue inmediata, pogos, bailes, al ritmo que desde el escenario nos marcaban, mientras interpretaban temas como “In Threes”, “Superhero”, “My Confession”, Drown” o “Killdozer”.
Un concierto peculiar de una banda peculiar que abandono de repente el escenario sin despedirse de forma abrupta, dejándonos a todos impresionados, sin capacidad de reaccionar
Algunas bandas que no conocemos a veces nos causan impacto y eso es lo que nos pasó con la actuación de las noruegas Witch Club Satan, que realizaron una ceremonia cargada de intensidad, provocación y catarsis colectiva.
El trío noruego, conocido por sus discursos feministas y contra el patriarcado, salió al escenario y ya desde el primer minuto nos impactaron con su inquietante, a la par de magnética apariencia, con vestimenta blanca, sus máscaras y la cornamenta de su cabeza.
Desde los primeros compases quedó claro que no estaban allí para ofrecer un simple concierto de Black Metal. Su propuesta se mueve entre la performance artística, el ritual pagano y la furia sonora más primitiva, una combinación que no dejo indiferente a nadie.
Musicalmente, el trío apostó por un Black Metal crudo y visceral, con guitarras afiladas, una batería implacable y voces desgarradas.
Si ya sus vestimentas iniciales nos llamaron la atención, a mitad de su show se retiraron para volver a ocupar su lugar con el pecho descubierto, cubriendo su cuerpo solo con maquillaje y por la larga melena de las pelucas que portaba.
La respuesta del público fue una mezcla de fascinación y asombro. Mientras los seguidores más cercanos participaban del trance y el magnetismo en el que nos sumergió la banda.
Era momento de desplazarnos a la carpa Massey Ferguscène, para vivir el show de los veteranos músicos canadienses Voivod.
Unos veteranos de la escena que lograron reunir frente a ellos un numeroso público, en su mayoría los más veteranos, dispuestos a vivir una nueva entrega de Voivod, una banda siempre difícil de calificar.
![]() Voivod – Motocultor Festival 2026 |
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La propuesta de Voivod en el Motocultor Festival fue la de hacer un repaso de una hora a su trayectoria musical, con temas que nos llevaban a cada etapa de su carrera. Voivod siempre ha entendido el Metal a su propia manera, con su propia personalidad y así lo demostró en Carhaix, con su variedad de estilos y estructuras difíciles de seguir a la primera escucha. Su música sigue siendo un espectáculo con una serie riffs con cambios inesperados y una sección rítmica capaz de mantener todo aquel caos perfectamente ensamblado. La guitarra de Daniel “Chewy” Mongrain sigue siendo reconocible y uno de los protagonistas del concierto, con los típicos solos y su característico sonido disonante.
En cuanto a los temas que interpretaron, abrieron con la efectiva “Rise”, que nos introdujo en el mundo de Voivod. Con canciones como “Obsolete Beings” y “Tribal Convictions”, nos movimos en dos épocas diferentes de Voivod, pero que tienen la seña de identidad de la banda, su sonido personal y reconocible. “The Prow” y “Nanoman” presentaron la parte más progresiva de los canadienses. Una de las partes más agresivas del show vino con “Nuclear War”, el concierto entró en una zona más directa y agresiva. El tema permitió que el público respondiera de una manera más física, aunque sin perder ese carácter extraño que recorre toda la actuación. El momento más inesperado del repertorio fue “Astronomy Domine”, la versión del clásico de Pink Floyd, captando ese toque espacial y psicodélico que tiene la canción original.
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Un concierto variado, diferente a las estructuras características de las bandas de Metal al uso. Concierto de poco más de 45 minuto, donde Voivod repaso las diferentes etapas de su historia. Ante un público atento a las evoluciones de los canadienses y que quedó satisfecho con su concierto, aunque si hubiera durado un poco más se hubieran coronado.
Y les llegaba el turno a los australianos Airbourne que se encontraban de gira con Judas Priest e hicieron junto a ellos una parada en el Motocultor Festival.
Airborne ofrecieron una actuación explosiva en el Dave Mustage Stage, ya que desde su aparición en el escenario, el cuarteto liderado por Joel O’Keeffe dejó claras sus intenciones, nos iban a regalar una actuación sin artificios, solo Hard Rock en estado puro, ejecutado con sencillez y cercanía, algo característico de la banda.
Joel O’Keeffe volvió a ser el epicentro del espectáculo, moviéndose por el escenario como un vendaval y regalando sus ya clásicos solos desde lo alto de los amplificadores, lanzando cervezas desde el escenario, con su característica forma de abrirlas con la cabeza e incluso acercándose al personal a hombres de un miembro de seguridad mientras tocaba la guitarra.
Airbourne desplegó un repertorio diseñado para mantener al público en movimiento de principio a fin con cortes como «Too Much”, “Too Young, Too Fast»,»Breakin’ Outta Hell»,»Live It Up», Ready To Rock” macarra y festiva o la imprescindible y coreable «Runnin’ Wild» la elección más lógica para despedirse de un público que ya estaba completamente entregado.
Corta pero intensa actuación la de los australianos que como de costumbre no defraudaron y que fueron un soplo de aire fresco en esta última jornada de festival, dejándonos con las pilas recargadas para afrontar las actuación que todavía nos quedaban por presenciar.
Después de la subida de revoluciones que nos provocaron los australianos, nos dispusimos a disfrutar de Nervosa que salieron con fuerza y ganas para hacer disfrutar a los presentes de su intensidad, velocidad e intensidad en una jornada en la que ya a estas horas las fuerzas empezaban a escasear, tras varios días intensos.
Desde los primeros acordes, el cuarteto impuso un ritmo vertiginoso con el que conectaron inmediatamente con fans situados frente al escenario, desatando rápidamente nos pits instantáneos.
La banda estuvo súper compacta, muy segura, y con esa actitud de “venimos a arrasar” que les caracteriza. La vocalista fue un torbellino: no paró un segundo, y cada grito parecía empujar al público un poco más hacia el caos. La guitarra solista destaco por sus riff afilados que levantaban al personal, y la base rítmica no dejó respirar a nadie.
El ambiente fue brutal, con las primeras filas entregadas, algo que Nervosa aprovechó por lo que fue subiendo la intensidad tema tras tema. No hubo discursos largos ni momentos de pausa por lo que el cuarteto nos regaló con un concierto directo y rápido.
A una hora principal, las nueve de la noche llegaba uno de los momentos más esperados del festival, Judas Priest y todo su legado sobre el escenario principal del Motocultor Festival.
Un gran escenario con el apoyo de mucho material audio visual, con una gran pantalla de fondo y otras cubriendo los laterales, que fueron emitiendo imágenes relacionadas con la temática de las canciones en todo momento.
Pero la presencia de Judas Priest en el Motocultor Festival no iba a defraudar desde un principio. “War Pigs” de Black Sabbath sonando como anticipo a la caída del telón, Faithkeepers y las pantallas proyectando imágenes y “You’ve Got Another Thing Comin’” como arranque, una canción reservada en otras ocasiones para finalizar sus shows nos enchufaba con Judas Priest a las primeras de cambio.
La primera duda, ¿el estado de forma de Rob Halford? Se solventaba rápido, no hacía falta mucho tiempo del transcurso de la canción para darse cuenta de que estaba en buen estado. Con un estado físico mejor que le vimos hace años atrás, el papel de Rob Halford fue principal durante todo el concierto, con contantes cambios de vestuario mostrando su colección de chupas de cuero, los constantes guiños al público animando a participar en el show, la dirección musical del concierto, la Hardley Davison… todos los cliches que han hecho famoso a su figura de Metal God. Si, la voz no es la de antaño, pero cuantos artistas quisieran estar a su nivel con la edad que tiene.
Era el momento principal de la noche y después de un arranque espectacular con “You’ve Got Another Thing Comin’”, llegaron “Metal Gods” y “Breaking the Law”, una sucesión de Heavy Metal, clásicos de los Judas Priest que levantaron a un público francés deseoso de disfrutar de los Judas. Himnos que se han convertido en atemporales y que cualquier fan del Heavy Metal es capaz de reconocer.
Seguíamos con el recorrido musical para recuperar en su repertorio el legendario tema “The Ripper” lo cual provocó una gran reacción positiva, la reconocible “The Sentinel” con Andy Sneap y Richie Faulkner a las guitarras mostrando su maestría y su buen hacer. Mención especial al eterno Ian Hill al bajo, siempre en segundo plano, pero efectivo en sus interpretaciones.
Momento de desempolvar un clásico como “Desert Plains”, de su disco de 1981 “Point Of Entry”, para delicia de los fans más veteranos. Para las nuevas generaciones del Heavy Metal “Lightning Strike” de su más reciente disco “Firepower”. La inclusión de “The Ripper” resultó especialmente interesante y fue destacada por las crónicas del festival como una de las elecciones menos habituales del repertorio. Las guitarras seguían construyendo un muro de Heavy Metal importante, con un sonido impecable y con la voz de Rob Halford intacta, e incluso se iba atreviendo con las partes más agudas de su interpretación.
Los clásicos y menos clásicos se fueron sucediendo en el repertorio y pudimos escuchar la mítica “Turbo Lover”, para recuperar los años ochenta y su reconocible riff y coros hicieron que cantara buena parte del festival, animados por un Rob Halford que se tomó un cierto respiro
El riff era reconocible desde el primer instante y la reacción fue inmediata. La canción conserva esa mezcla de heavy, sintetizadores y melodía que en su momento dividió opiniones, pero que hoy forma parte indiscutible de la identidad de Judas Priest.
La maquinaria musical de Judas Priest estaba funcionando a la perfección con esa combinación de veteranía con juventud y sobre todo saber funcionar en el escenario. Mención especial también para Scott Travis y su porte a la batería, a un nivel importante durante todo el concierto.
Se iban sucediendo las canciones: “Steeler”, “Delivering the Goods”, “Victim of Changes” … momentos digamos “más tranquilos”, hasta llegar a uno de los momentos esperados de la noche, Scott Travis daba paso al “Painkiller”, que muchos lo tomamos como temperatura del estado de salud de la voz de Rob Halford por las exigencias de la canción. Como esperábamos Rob Halford salió airoso de la situación, con veteranía y supliendo las posibles exigencias de la canción con un saber estar, autoridad y porte, que pocos frontman tienen. A sus 74 años hay que pedirle en consecuencia y cumplió. No hay que negar que se la reverb en su voz era evidente, pero podemos afirmar que salió airoso de la situación. Con el “Painkiller” terminaba el concierto, pero había más, con los bises.
Para añadir el extra “The Hellion” con “Electric Eye” para recuperar grandes glorias de antaño. La intensidad y la colaboración del público volvían a los niveles máximos. “Hell Bent for Leather” y su clasiquisimo “Living After Midnight” con la Harley-Davidson impecable sobre el escenario, una moto de verdad que condujo el propio Harlford al escenario. Un símbolo que forma parte de la iconografía de los Judas Priest. El concierto había acabado sin darnos cuenta. “We Are the Champions”, despedida de los músicos y los técnicos y operarios a todo meter para desmontar el escenario, que llegaba Arch Enemy, como último artista que iba a participar en ese escenario.
El concierto de Judas Priest en Carhaix no defraudó y se puede afirmar que fue uno de los shows del festival, por razones básicas como de los mejores sonidos, apoyo de audiovisuales, iluminación y por la calidad del espectáculo. Los británicos ofrecieron un repaso detallado a su amplia trayectoria, con algunas joyas. Rob Halford con su edad mostró un estado de forma mucho mejor que habíamos visto en ocasiones anteriores y sus “carencias” en la voz las suple con mucha veteranía y saber estar sobre el escenario. El resto de la banda estuvo en su papel, cediendo el protagonismo al señor Halford y cumpliendo a la perfección con su trabajo, con la figura creciente de Richie Faulkner a la guitarra, con cada vez más protagonismo en la banda.
The Priest is back.
Cuando el reloj se acercaba a la medianoche y el Motocultor Festival entraba en sus últimas horas, Sacred Reich apareció sobre la Supositor Stage para demostrar que algunas leyendas no necesitan reinventarse para seguir siendo imprescindibles. La veterana banda estadounidense ofreció una actuación cargada de potencia, experiencia y autenticidad, convirtiendo el cierre de la jornada en una verdadera celebración del Thrash Metal clásico.
Lejos de vivir de la nostalgia, el grupo desplegó un repertorio equilibrado entre clásicos imprescindibles y material más reciente. Temas como «The American Way» coreado desde el principio hasta el final,»Crimes Against Humanity»,»Who’s to Blame» y «Surf Nicaragua» fueron recibidos con entusiasmo por un público entregado que respondió con continuos mosh pits , headbanging.
Musicalmente, la actuación fue precisa y contundente. Los riffs afilados, los cambios de ritmo perfectamente ejecutados y la solidez de la sección rítmica hicieron las delicias de los seguidores.
Gran actuación la de Sacred Reich que con su veteranía, experiencia y sencillez nos recordaron por qué el Thrash M`++etal se convirtió en una de las fuerzas más importantes de la historia del metal.
Fue curioso ver las evoluciones del personal de Motocultor Festival para ver como trabajaron a tope y magistralmente para desmontar el escenario de Judas Priest y montar a toda prisa el de Arch Enemy, para poder disfrutar del show de los suecos.
Pasada la medianoche, Arch Enemy apareció sobre el Dave Mustage. El Motocultor llevaba ya cuatro jornadas acumulando muchos conciertos y vivencias. Aun así, Arch Enemy logró congregar un número importante de espectadores a su show y más con la principal novedad que presentaba la banda, su nueva vocalista Lauren Hart, la antigua cantante de Once Human.
![]() Arch Enemy – Motocultor Festival 2026 |
![]() Arch Enemy – Motocultor Festival 2026 |
Era la primera ocasión que podíamos ver a Lauren Hart comandando las operaciones de Arch Enemy. Una banda que desplegó desde la base todo su arsenal de temas de Death Metal melódico.
Las primeras impresiones de Lauren Hart fueron positivas, con una poderosa voz, aunque a veces resultó algo chillona, presencia escénica y adaptada a lo que un grupo del nivel de Arch Enemy exige. Intentó ser ella misma y no seguir la forma de actuar de sus predecesoras, lo cual es elogiable.
En cuanto al set list de Arch Enemy fue un repaso general breve a su discografía, haciéndose eco de todas las épocas, con un peso especial de sus orígenes con su disco “Khaos Legions”.
Con la introducción “Khaos Overture” comienza la nueva cita con Arch Enemy, para empezar el show con la clásica canción “Yesterday Is Dead and Gone” que pone en funcionamiento la maquinaria de los suecos. Un inicio alentador y que satisfacía a los fans más veteranos.
![]() Arch Enemy – Motocultor Festival 2026 |
![]() Arch Enemy – Motocultor Festival 2026 |
Después llegó “The World Is Yours”, para mostrar una de las señas de identidad de la banda con las guitarras melódicas capaces de construir auténticos himnos sin abandonar la agresividad del death metal, con Michael Amott y Joey Concepcion a un nivel superior. Por su parte, Sharlee D’Angelo y Daniel Erlandsson proporcionaban una base rítmica compacta y poderosa. Seguían clásicos como “Ravenous” y “War Eternal”, con la banda funcionando como se esperaba de ellos y con Lauren Hart saliendo airosa con su interpretación.
Momento más protagonista para Daniel Erlandsson con “My Apocalypse” y su golpeo de la batería, marcando el paso de la banda.
Tocaba el momento de “To the Last Breath”, el presente de Arch Enemy, la canción con la que conocimos a Lauren Hart, como un alegato por esta nueva etapa de la banda.
“Under Black Flags We March”, nos hacía regresar a la parte más clásica de Arch Enemy con “Khaos Legions”, con las guitarras recuperando el protagonismo. Se daba paso a “The Eagle Flies Alone”, para contar con la ayuda de un público siempre receptivo a estos guiños.
Estábamos llegando al final del concierto, que llegó con canciones como la emblemática, reconocible y clásica “No Gods, No Masters” y “Nemesis”. El cierre con “Fields of Desolation” de su álbum de 1996 “Black Earth”, que puso fin al concierto, volviendo a los orígenes de la banda.
Con Arch Enemy el festival para nosotros había terminado. Un último concierto que completó nuestras expectativas y que nos gustó, por el buen hacer los suecos, siempre muy efectivos sobre el escenario. Aunque fue algo corto el concierto, vino bien, ya que las fuerzas no sobraban.
Con el concierto de los suecos, poníamos fin a nuestro paso por el Motocultor Festival 2026. El festival francés nos deja un buen sabor de boca y no es descartable que repitamos.
- Crónica: gema@metaltrip.com, javier@metaltrip.com
- Fotos: olga@metaltrip.com






































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