La bruma del atardecer iba desapareciendo, mientras el cielo se oscurecía en la capital. Los tambores de guerra hacían temblar el suelo madrileño, y el barrio de Vallekas se preparaba para recibir con honores a las hordas de Heid, Survael, Pimeä Metsa y Sovengar. Guerreros del norte reencarnados en Madrid y Albacete, que con los instrumentos como armas y la música como grito de guerra, se acercaban a la sala Mamá Pachanga, antigua Excalibur, para deleitarnos con una fiesta pagana a horas de instituto.
- Heid
Los primeros en saltar al escenario fueron Heid, con la sala medio vacía, pues a esas horas algunos aún despertaban de la siesta o aún no habían salido de trabajar. La responsabilidad de iniciar el ataque recayó en esta joven banda, que por desgracia se tuvieron que enfrentar a las inclemencias del terreno, y gozaron de un sonido realmente horrendo, lo que deslució su actuación.
Una pequeña intro anunciaba el inicio de su concierto, con sonidos celtas y tambores druidas. Los instrumentos se acoplaban desde que iniciaron su actuación con “Golpejar”, y desde ese momento el grupo no se encontró incómodo sobre el escenario. Una pena, porque desde el principio me gustó lo que ofrecían, con gaita y flauta incluida. Me gusta cuando los grupos incluyen instrumentos folklóricos en sus temas, les dan ese punto de misticismo y calidad a la fuerza de las voces y las guitarras.
“Mortal es el Hombre” me gustó especialmente, aunque seguía sin acompañar el sonido. Algo en las pruebas debió fallar, pero bueno, u nmal día l otiene cualquiera. Calidad no le falta al grupo, y la actitud de sus miembros, sufriendo eso problemas técnicos, fue de mantener la compostura y terminar su actuación de la mejor manera posible.
Con “El Traidor”, anunciada como tema de nueva composición, llegó la tregua y sonaron mejor, pudiendo disfrutar de una gran canción. Una dulce flauta dio paso a “El Canto de los Responsos”, con el que terminaban su tan fatídica incursión a tierras Excaliburianas. La dulzura dio paso a la locura, e incluso se animó el público a un conato de moshpit, presentando la sala ya una entrada más que interesante. La propuesta es muy buena, así que espero poder volver a verles en breve, pues temas como “Ruido de Batalla” o “La Mano Negra” tienen mucho potecial para explotarlo en directo.
El setlist de Heid fue:
- Bosque de Nubes
- Golpejar
- Buenos Días
- Ruido de Batalla
- No Habrá Paz
- El Traidor
- La Mano Negra
- El Canto de los Responsos
- Survael
Último concierto de Survael antes de meterse al estudio a grabar su nuevo trabajo, que salieron muy serios al escenario. Quizás preocupados por el sonido que habían tenido sus predecesores, empezaron tímidos para luego soltarse a medida que caían sus canciones y veían que el sonido había sido paliado. Pintados y con el torso desnudo, como ya es habitual en ellos, me sorprendió no ver las patas de lobo pintadas en el pecho del vocalista, algo que era como su marca registrada.
Tras la intro, “Nighthowler” ponía la primera piedra de la empalizada que traían preparada para la batalla. La sangre ya manaba de sus cuerpos y las guitarras armadas listas para la batalla, para manchar la tierra de sangre pagana. Así llegó “Sand and Blood”, en la que la voz se lució especialmente. Varias veces he visto a este grupo, y aunque musicalmente se les ve cada vez más compenetrados, sólo el bajista y el guitarra solista dan juego sobre el escenario. Quizás es la concentración, pero la música furiosa que hacen se merece más movimiento sobre las tablas. No s que la sala Excalibur tenga un escenario demasiado amplio, pero con algo más de movimiento ganarían mucho en presencia sobre el tablado.
Uno a uno sus temas iban cayendo sin pausa, conscientes de que el pequeño retraso en el inicio de las actuaciones les hacía acelerar el ritmo. “War of the Wild” y “The Watcher” rompieron las filas del público, que había sufrido una pequeña desbandada tras Heid. Llegado este punto, arenga contra los que matan indiscriminadamente a la fauna silvestre como si creyeran que el mundo es sólo suyo. Ya sabemos la plaga que es el ser humano, pero eso es otro tema. “Desperta Ferro” es el tema más icónico del grupo, y en directo gana enteros, sobre todo porque ese riff le da personalidad a la formación y marca a su sonido.
“Blut Im Auge” de Equilibrium puso punto y final a su actuación. El tema despertó del letargo a la gente, que recibió con gusto la versión, sonando muy fiel a la original y poniendo el broche a una actuación que no fue la mejor de la banda, pero que como siempre, fue efectiva.
El setlist de Survael fue:
- Nightowler
- Sand and Blood
- Trollsong
- Go Back Home
- War of the Wild
- The Watcher
- Desperta Ferro
- Blut im Auge (Equilibrium cover)
- Sovengar
Tenía mucha curiosidad por ver a Sovengar en directo, pues con apenas un álbum de estudio en el mercado han dado mucho que hablar. Presentaban al público madrileño su trabajo “Vindicta et Gloria”, que a mí personalmente no me ha convencido en las escuchas que le he dado. Pero toda duda se encargaron de borrarla de un plumazo con la salida en tromba del grupo. Desde Albacete, con cotas de maya, pinturas de guerra y casco de Skyrim (si, nos hemos dado cuenta del punto friky) el grupo salió como si de la caballería se tratase. Se nota que la inversión en los instrumentos es considerable, pues gozaron de un sonido muy nítido y de mucha calidad.
“Battle of Asgard” fue la carta de presentación de este grupo de paganos que maman de sonidos suecos. Me explico, desde el principio me sonaba el trepidante ritmo de su música, así como la voz dura y sucia del vocalista. Como aldeanos indefensos, mirábamos como Sovenggar arrasaba con las defensas y dudas, y penetraban entre las filas de los asistentes sin dejar títere con cabeza. La obsesión por la palabra “Battle” en sus temas puso de manifiesto que vienen preparados a jugar duro en la batalla por su lugar en el mundo de la música.
Con el grito de “esto es Ghost Division” de Sabaton, me quedó claro de dónde venían sus principales influencias. Aunque algo más Pagan Metal, el Power Metal Sueco lo llevan en las venas. Con el público en el bolsillo, el grupo demostró muchas tablas sobre el escenario, saben en que liga quieren jugar, y si saben mantener los pies sobre el suelo, pueden llegar al lugar que se propongan.
El vocalista se sabe mover muy bien sobre el escenario, y explota sus registros vocales. Las guitarras suenan muy conjuntas, y aunque a la batería aún le falta más variedad técnica, la fuerza con que tocan en conjunto promete éxitos a la banda. Las voces que acompañan vienen desde el teclado, que por momentos parecía que acabaría con la vida de quien estaba a sus mandos, pues los giros de cuello levantaban vendavales.
Con dos telones de fondo haciendo marca, Sovengar se ganaron definitivamente al público con su tema final, “Brothers of Metal”, de Manowar. La emoción se palpaba en el ambiente, con la gente coreando la canción y el grupo entregado a la ovación que se cernía en la sala. Ovación que llegó tras el final, donde los guitarristas repartieron púas, demostrando que quieren hacer público desde el principio. Habrá que estar pendientes de las evoluciones de la formación.
El setlist de Sovengar fue:
- Battle of Asgard
- Brutal Battle
- Ghost Division (Sabaton)
- Fight or Die
- Sovengar Song
- Call to the Battle
- Final Conquest
- Brothers Of Metal (Manowar)
- Pimeä Metsä
Tenía muchas ganas de ver a este grupo, que salieron al escenario bajo aplausos y arengas. Estaba claro que eran la división que ya tenía ganada a los aldeanos, así que su camino al castillo para derrocarlo había sido allanado por los ejércitos que les precedieron. Suenan muy bien, y el directo lo clavan. El vocalista salió al escenario con su micro hacha, pinturas de guerra, cuchillo al cinto y… la piel de un zorrillo sobre los hombros. Ese pequeño detalle me produjo el rechazo instantáneo que me provoca el uso de pieles, sean para lo que sean. Porque esa piel puede ser de un único espécimen, pero representa la falta de respeto del hombre hacia el mundo en el que habita.
Con ese ingrediente, no me declaro fan del grupo, sobre principios, por suerte, aún somos libres de elegir. Muchos son los elementos para adornar una actuación, para representar visualmente la música que quieres ofrecer a tu público, pero desde mi punto de vista, las pieles de animales que están acercándose al peligro de extinción, es injustificable. Lo mismo opiné en su momento de Arkona.
A nivel sonoro, que es lo que nos compete, su concierto rozó la perfección. Son un torbellino que no acepta prisioneros, suenan muy compactos, sin perder un ápice de calidad y de fuerza en su música. Nos traían varios temas de su más reciente trabajo de estudio, “Legacy Of the Heathen”, y la verdad es que sonaron muy bien en directo, funcionando su sonido que recuerda a Korpiklaani, pues el público lo tienen en la mano desde los primeros compases.
Tienen el nivel para tocar donde se lo propongan, y con el directo que proponen, más de un seguidor se ganaran en el camino. Me quedo con el tema «Olut!», que se nota que ya ha calado hondo entre el público, que lo coreo a garganta desgarrada. Su concierto fue más corto de lo esperado, no llegando a la hora de actuación, ya sabemos cómo va esto, la sala Excalibur sufre una transformación, cual cenicienta, cuando se acerca la media noche.
El setlist de Pimeä Metsä fue:
- Utgard Threat (intro)
- Jörmungandr
- Warmarch of the Jotuns
- Stormy Night
- Olut!
- Grendel
- The Wolves Rebellion
- Journey of Sleipnir Scions
- Varangian Odissey
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Crónica y fotos: yalinku@metaltrip.com









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