El mítico Big Four sigue haciendo historia en la Humanidad, aunque no de la forma en que le gustaría al público del metal/rock. Slayer cayó como la primera banda en retirarse de los escenarios (más o menos) y ahora, nuestro querido “gingerman” Mustaine también se sumó a un adiós definitivo. Megadeth decidió cerrar su trayectoria profesional con un último disco homónimo, hecho loable que está repleto de amargura y rencor. Todavía resuenan los ecos de esa “batalla mediática” absurda entre Metallica y Megadeth, lo cual se acentúa en este álbum aún más. Sabemos que Mustaine y compañía reinventaron el estilo thrasher hace mucho tiempo, ¡no está de más recordarlo! El tiempo discurre en la Historia musical extrema y Megadeth será recordado como un excelso grupo de inspiración singular… El problema se quedará en la forma de cerrar una etapa con más pena que gloria por diversos motivos.
Mediante un sonido old school y de distorsión bastante suave sin apenas pesadez ni crudez, Megadeth no se corta en demostrar su fama con el inicio de “Tipping Point”. Riffs rápidos y con acordes salteados, estribillos simples y fáciles de corear, versos comedidos con la sagaz voz de Mustaine… Como apertura del álbum, ¡máximo placer! Todavía se sigue echando de menos al gran Ellefson, aunque escuchando las líneas bajistas de James LoMenzo, ¡no se le queda atrás! Escuchar sus dotes en “I Don’t Care” es un bofetón enorme hacia esas habladurías que le degradan al artista muy por debajo de Ellefson. Tampoco hay que menospreciar el talento compositivo del compañero cordófono de Mustaine, Teemu (Wintersun) que se marca unos solos técnicos bastante difíciles de igualar. Casi rememorando los primeros años grupales, “Hey, God!” podría pasar por una continuación de ese icónico “Peace Sells… But Who’s Buying?” (¿un evidente guiño, quizás?) pues el aumento de la atmósfera thrasher se hace patente a la hora de menear la cabeza al ritmo de unas melodías de tempos medios con una clara influencia teórica.
Con ganas de enseñar que el tiempo no afecta a esa mentalidad envuelta de una melena pelirroja, Mustaine nos sorprendió con “Let There Be Shred”. Justo aquí es donde muestra su lado más raudo a través de unas estructuras afiladas y de índole alternante que ya casi se creían extintas en Megadeth. La adecuada progresión de acordes en los versos y cómo los puentes adornan los solos es una delicia que verla en directa supondrá un cúmulo de admiración social. ¡Sin duda, este tema es un cierre de boca para los haters y detractores de Megadeth! (no les vendría mal a algunos…) Por el contrario, el uso intensivo de la producción se denota en “Puppets Parade”, haciendo gala de muteados que dan más protagonismo a la batería de Dirk. Hay más presencia de breaks, incluso de arpegios y acústicos sueltos. Se entendería que Megadeth ha tratado de juntar toda su discografía aquí; ¡los elementos más representativos de cada disco!
Abrazando el aspecto melódico que suele caracterizarse de una ambientación enigmática, “Another Bad Day” retoma esa sensación de crítica social que Mustaine jamás ha dejado de señalar a cada momento de su vida. Es difícil no realizar una introspección personal y reflexionar mientras los ritmos se suceden en una suave lírica que instiga a la actuación frente a la desidia. Los tempos medios y las codas se hacen necesarias con motivo de realzar lo expresado anteriormente. De fuerza bélica e incrementando la pesadez cotidiana de una buena thrashería, “Made to Kill” se convierte en otro baluarte de la maestría que Mustaine sólo posee en exclusividad. Teemu da el máximo en las áreas solistas y el bajo, algo oculto detrás de la batería, es un símbolo de solidez estructural.
Hasta aquí, Megadeth evidencia que su despedida es un acto deliberado, pero el genial disco comienza a torcerse hacia un vertiente repetitiva que abraza el usual heavy musical. “Obey the Call” cambia la agresividad vocal por un compendio liviano de líricas que quedan colgando de un limbo, el sonido apenas innova y, salvo los brutales redobles de Dirk y la ruptura de los compases, el gusto cae en favor de las partes finales del tema. “I am War” no se diferencia de lo vivido en la composición previa, a excepción de una estética armónica que Teemu ejecuta a la perfección. La dualidad cordófona es lo más interesante a destacar, pues enseña una férrea voluntad de impresionar en los tiempos modernos. Obviando el inicio tecnócrata de “The Last Note”, el último intento de Mustaine regresa la ligera thrashería que tanto ha caracterizado a Megadeth a lo largo de los años. El aumento de los graves de James es un acierto para sostener la voz en lo alto y que sea la guía central. La acústica medial y folclórica no gustará al público más acérrimo del grupo, pero sí hay que darle mérito a la sincronización ejecutora que se desvela de ella a pesar de ese final bastante omisible.

Mustaine, ¿en verdad hacía falta realizar tu propia versión de “Ride The Lightning”? Después de cuatro décadas, luchando por derechos de autor, hablando sobre anécdotas… ¿Quieres que se te recuerde por el rencor y resentimiento hacia Metallica? Lo has conseguido, porque no era necesario, ni útil, dar otra vuelta de tuerca a este clásico del metal/rock mundial. Se agradece el gesto y que tú seas el autor de tal himno thrasher, ¿te compensa todo esto? Opiniones hay de sobra, tan respetables como tolerables; ¡no hacía falta! Despedirte así de la industria musical que tanto has ayudado a desarrollar… Una pequeña mancha emborronada en el CV de Megadeth que siempre estará ahí, a pesar de un buen álbum homónimo que cierra una trayectoria profesional impecable y una época de metal/rock brillante en el mundo.
TrackList
- Tipping Point
- I Don’t Care
- Hey God!
- Let There Be Shred
- Puppet Parade
- Another Bad Day
- Made To Kill
- Obey The Call
- I Am War
- The Last Note
- Ride The Lightning (Metallica Cover)
Nota Final = 9.2/10
- By: A. Wesker V.S.




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