Uno de los carteles más grandes de este año, sino el más grande a nivel de conjunto de grupos, llegaba a Madrid con motivo de la despedida de Slayer (¿la primera de ellas?), los cuales se han arropado muy bien con Lamb of God, Anthrax y Obituary.
El ambiente era inmejorable al llegar al palacio Vistalegre. No obstante, las entradas de pista habían volado el primer día, y las de grada, visto cómo discurría dentro de la plaza de toros, sin llegarse al sold-out, se podía decir sin temor a equivocarme, que estaba prácticamente lleno. Además, hay que remarcar la fluidez con la que el público fue accediendo al recinto, hecho facilitó que la mayoría de los asistentes ya estuviera dentro cuando se inició el concierto.
Por cierto, un breve apunte con respecto al merchandising. Puedo entender (que no compartir) que el precio de las camisetas de Slayer sea 35€ aprovechando que es su despedida. ¿Pero que las camisetas del resto de los grupos tengan también ese precio? Supongo que serán precios impuestos por los grupos, pero así van por muy mal camino, tanto el resto de los grupos como los mismos Slayer.
Dicho esto, con puntualidad absoluta, las luces se apagaban, y un enorme telón con la portada del último disco de Obituary presidía su escenario al tiempo que Donald Tardy, Trevor Peres, Terry Butler y Kenny Andrews comenzaban con la instrumental Redneck stomp. La tormenta empezaba y el público rugía. Si, era la primera de las cuatro bandas, pero era Obituary. Tardy, John, salió a continuación como un ciclón y de verdad comenzó la masacre.
No tenían ni media hora para realizar su show, pero no dejaron títere con cabeza con los ocho temas que eligieron para su concierto. Si alguien pensaba que iban a ir a lo fácil y elegir ocho clásicos, se equivocaba de cabo a rabo, pues no tuvieron ningún problema en darle cuartel a sus últimas composiciones con Sentence day, A lesson in vegeance y Turned to stone, intercalando antes de esta Visions in my head de su anterior álbum, y logrando desde el primer momento que la gente no parara, pero tanto en la pista como en la grada.
Y encima con un sonido magnífico desde el primer instante. De luces, cierto que no pudieron disfrutar de lo mejorcito, y el humo en el escenario en determinados momentos, pues bueno… Pero lo que contaba era la actitud del quinteto de Florida, y eso que aún no había llegado el momento de sus clásicos.
Johan Tardy apenas intervino entre las canciones, únicamente saludo, no se podía perder el tiempo, y siguió su descarga de death metal con mayúsculas de manera que no hizo prisioneros. Y si alguno quería escapar, con Don’t care, I’m in pain y sobre todo, Slowly we rot no lo consiguió y se rindió a la evidencia.
Veintiséis minutos, repito, veintiséis, fue el tiempo que estuvieron los americanos en el escenario en el que sus composiciones de tres – cuatro minutos nos dejaron con la boca abierta. Pero es que esto no había hecho más que empezar.
Setlist Obituary:
- Redneck stomp
- Sentence day
- A lesson in vegeance
- Visions in my head
- Turned to Stone
- Don’t care
- I’m in pain
- Slowly we rot
Ni veinte minutos pasaron cuando por los altavoces sonaba The Number Of the Beast, tema que lleva Anthrax a modo de intro, y las luces se fueron apagando para encenderse y observar su montaje completo, como si ellos fueran los cabezas de cartel, lo que es un gustazo. Enorme telón. Escaleras. Pantallas con telas.
Scott Ian y Frank Bello salían mientras tocaban los acordes de Cowboys from hell que enlazaron rápidamente con Caught in a mosh. El listón de Obituary había quedado alto, muy alto, y Anthrax tenía frente a si un reto de los buenos. Pero es que si lo de Obituary había sido de notable alto sino sobresaliente, Anthrax quedó un poco por encima si era posible.
Belladona salió como un apache perseguido por el séptimo de caballería y no paró en sus 45 minutos, aunque se puede decir lo mismo de Scott Ian y sobre todo de un Frank Bello por el que yo siento particular devoción, con sus gestos, su no parar de animar, su saber tocar. Durante unos instantes en el foso quedé prendado de él una vez más, pero ahora más de cerca.
Got the time levantó al que aún no estaba sentado ¿en serio había alguien sentado?, y de I Am the law, lo mejor de su set, ¿Qué se va a decir?. Lo bueno era que el sonido era impecable y el juego de luces brillante, si humo ni otras parafernalias que impiden poder gozar visualmente de la banda. Más escondido estaba como no podía ser de otra manera, Jonathan Donais en la segunda guitarra, que a la chita callando, ahí está, y Jon Dette, que parece que se ha hecho con el puesto en la batería de manera fija al menos en lo que se refiere al directo, daba una buena lección tras los parches.
Al igual que Obituary, no se entretuvieron mucho en charlas superfluas, recuperando Be all, end all de su reeditado State of euphoria. Después Scott Ian se hizo con el micro para preguntar en español si nos gustaba el trash metal y dar la única pincelada a su reciente discografía con Fight ‘em ‘till you can’t, que también clavaron.
Hace treinta años que escuché Antisocial por primera vez y aunque no es lo mismo, no hay duda que sigue levantando pasiones. Después, con una gorra en lugar de un penacho de plumas, Belladona despidió el show con la imprescindible Indians, a la que volvieron a añadir un trocito de Cowboys from hell a modo de outro.
Espectaculares Anthrax que dieron un conciertazo, si bien, arriesgándome a ser empalado, quisiera ponerles un pero. Puedo aceptar que usen el tema de otro grupo como intro, muchos lo hacen. Quizá el homenaje a Pantera vale, pero… cuando solamente puedes tocar siete temas, no incluyas dos versiones, que aunque las hayas grabado, temas propios tenéis, y aunque lo hicieron muy bien, tanto en ejecución, actitud e interpretación, podrían haberlo hecho todavía mejor.
Setlist Anthrax:
- Caught in a mosh
- Got the time
- I Am the law
- Be all, End all
- Fight ‘Em ‘Til You Can’t
- Antisocial
- Indians
Para el siguiente grupo, Lamb Of God, había división de opiniones. Muchos no entendían su puesto en el cartel, mientras que otros habían pagado la entrada justamente por ello. El caso es que no consiguieron enganchar a todo el pabellón. De hecho fue el momento en el que muchos aprovecharon para visitar al señor roca y otros menesteres.
En cualquier caso, su escenario era muy vistoso, con un enorme telón, muchas escaleras, la batería entre dos versiones de su particular bandera, una plataforma para el cantante y muchos juegos de luces móviles. Sin embargo, hace falta algo más.
Randy Blythe salió como si fuera el dueño del cotarro, que al fin y al cabo lo es con su papel de frontman de la banda, acompañado por Mark Morton y Willie Adler a las guitarras y John Campbell al bajo, y un Art Cruz a la batería sustituyendo a Chris Adler.
Arrancaron con Omerta y la gran Ruin, y aunque sobre todo Randy Blythe, Adler y Campbell no paraban, creo que les faltó algo para conectar totalmente con el público, y eso que haciendo un guiño al español, se presentaron ellos mismos como “cordero de dios”. No sonaron mal, ni mucho menos, pues su sonido fue igual de bueno que los dos anteriores. Quizá paraban en exceso entre tema y tema, faltándoles algo de dinamismo.
Y no es que escogieran mal los temas, pues Walk with me in hell fue un cañón, como también lo fue Now you’ve got something to die for, muy coreada. Bajó un poco el pistón con sus temas más recientes, 512 y Engage the machine, entre los que quizá pararon más de la cuenta, aunque remontaron el vuelo con Laid to rest y la final Redneck.
Se fueron con una buena ovación en sus cincuenta minutos pero no me terminaron de convencer.
Setlist Lamb of god:
- Omerta
- Ruin
- Walk with me in hell
- Now you’ve got something to die for
- 512
- Engage the fear machine
- Blacken the cursed sun
- Laid to rest
- Redneck
Llegaba el que teóricamente era el mejor trozo del pastel. El motivo de esta gira. El reclamo por el que allí había catorce o quince mil personas. Y es que aunque seguramente se anuncien para los festivales del año próximo, no tiene nada que ver un concierto en un pabellón cerrado, en el que el montaje lucirá desde el primer momento, y más cuando se trata del mayor montaje que haya traído nunca Slayer.
Un telón enorme cubría el escenario, y cuando llegó la hora del inicio, puntual como había sido todo a lo largo de la tarde – noche, sobre él se proyectaron unas cruces que se iban movimiento hasta quedar en posición invertidas mientras sonaba la intro Delusions of saviour. Abajo el telón y Kerry King, Tom Araya, Gary Holt y Paul Bostaph ya estaban en sus puestos arrancando con un poderoso Repentles mientras nuestros ojos miraban a uno y otro lado apreciando los detalles del escenario.
Enorme telón del susodicho tema pero en tonos más azules y verdes resaltando aún más los pormenores del mismo. Filas de Marshalls a izquierda y derecha. El águila a cada lado del escenario con el emblema del grupo sobre el que caerían no pocas veces las llamas de la pirotecnia, y un espectacular juego de luces. Si a eso le sumamos los temas que fueron sonando y la entrega, dentro de lo que cabe, pues Araya no está para mucho movimiento, el espectáculo estaba más que asegurado.
No hubo pausa para que sonaran tanto Blood red como Disciple, tanto éstas como la primera envueltas en un fuego que no dejaba de salir. La gente estaba loca., pero más lo estuvo cuando empezaron los acordes de Mandatory suicide. No hacía falta fuego alguno, lo que contaban eran las canciones. A la hora de Hate worldwide llegó también el momento de cambiar el telón principal para que ahora presidiera el de Slayer Nation.
Clásico entre los clásicos, y siendo una de mis favoritas, reconozco que War ensemble no sonó tan poderosa como en otras ocasiones. Jihad dio paso a una falsa calma con el inicio de When the stillness comes para volver a ponerlo todo patas arriba con Postmorten y envolver de nuevo en fuego Black magic, la más antigua de las que sonaron en su set al tiempo que Holt se descoyuntaba vivo y Kerry King arrastraba sus cadenas mientras sus poderoso riffs no dejaban de sonar.
Sin que sirva de precedente, un Tom Araya que físicamente presentaba mejor aspecto, introdujo Payback para la audiencia, que estuvo bien, pero no tanto como cuando volvieron a cambiar de telón y comenzó a sonar Seasons in the abbyss. Había pasado ya una hora y parecía que habíamos solo parpadeado.
Muy bien la recuperada Dittohead para enlazar con una Dead skin mask sin la exposición habitual de la estrofa que Araya solía hacer como presentación al tema. El infierno se acercaba y no sabéis cómo con un escenario repleto de fuego cuando llegó el momento de Hell awaits. Inconmensurable, siendo este uno de los punto álgidos del show.
Se fueron para que cayeran dos telones laterales adornando aún más el telón ya presente para seguir con South of heaven y luego la joya de la corona, Raining blood que enlazó con Chemical warfare. El show llegaba a su fin cuando se cambió al telón en honor a Hanneman, es decir, llegaba el momento de Angel of death y con ello el fin a la hora y media de concierto de Slayer. Después el reparto de púas y el paseo de lado a lado de parte de un Tom Araya que volvió a salir al escenario para dar las gracias.
Slayer triunfó pese a que no fueron los mejores de la noche. Pero aquella fiesta era en su honor y nos dejaron a todos convencidos, siempre trascendiendo que sobre todo Araya no puede moverse como antaño, pero que defiende sus creaciones con el apoyo de un Kerry King que hizo un soberbio trabajo.
Fue una gran noche para el recuerdo. Ahora la cuestión es… ¿se retirarán de verdad?
Setlist Slayer:
Delusions of saviour – Intro.
- Repentless
- Blood red
- Disciple
- Mandatory suicide
- Hate worldwide
- War ensemble
- Jihad
- When the stillness come
- Postmortem
- Black magic
- Payback
- Seasons in the abyss
- Dittohead
- Dead skin mask
- Hell awaits
Bises:
- South of heaven
- Raining blood
- Chemical warfarre
- Angel of death
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa














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