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Summer Breeze 2026 – 2º Día (Jueves)
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Summer Breeze 2026 – 2º Día (Jueves)

29/09/2026 0 Comments
11 horas atrás
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El segundo día del Summer Breeze iba a comenzar bien calentito, y no precisamente por el inicio de la ola ambiental que estaba recorriendo el área geográfica del festival. El Main Stage se abrió con una buena dosis de metalcore/deathcore a lo bestia con el grupo local de Our Promise. Una adecuada opción de caldear el festival ante los cientos de asistentes que ya querían darlo todo desde el principio. Con dos cantantes al frente y un sonido muy bruto, la combinación melódica de las pesadas guitarras con la electrónica quedó bastante bien para el público joven, aunque la veteranía social no quedó aparte en el gusto general.


Mediante un setlist dispuesto a romper la percepción habitual de lo que es la industria actual, el combo germánico no vaciló en apoyarse en la participación de los coros en mitad de los sofocantes alrededores. Entre blast beats y breakdowns a mansalva, Our Promise enseñó que sus temas están hechos por y para la gente que desea nuevas tendencias diferentes a la vanguardia de los tiempos modernos. De ahí que la energía musical del grupo se siguiera recordando después en la sucesión de shows con una estética parecida.


 

Fireborn – “Acabó siendo una marea musical repleta de sorpresas…”


Una de las bandas que causó sensación, a pesar de la brevedad del show, fue Fireborn en el escenario del Tool Rebel. El calor ascendía y el Sol no daba tregua en la continua hidratación; por suerte, Fireborn encontró la manera de ganarse al público con el particular estilo heavy rockero que lleva mostrando en su palmarés profesional. “Reflections” y “Dreamcatcher” han llamado mucho la atención por su directa concepción sobre lo que es hacer música extrema apta para todo el mundo, así que variar el repertorio por ambos trabajos resultó en una decisión muy acertada. La rica variedad melódica, sumada a una actitud cercana por parte de los artistas, provocó un éxtasis de esperanza en la permanencia del metal/rock clásico de quienes prestaron su tiempo y voluntad a Fireborn.


La nítida presencia de los músicos no se perdió en ningún instante, a la vez que se contempló una férrea cohesión entre ellos. No obstante, el foco de interés no se movió de la versátil cantante Jenny, un carismático tifón femenino que guió el show en mutuo apoyo junto al público. La excelente producción sonora, el intenso decoro escénico y los juegos de luz y sombra naturales lograron que el grupo se marcase un triunfo absoluto. Para quien acudió a la cita en pleno desconocimiento, Fireborn acabó siendo una marea musical repleta de sorpresas y que debió haber gozado de más tiempo de actuación.

 

Massive Wagons – “Si la banda se lo pasa bien, ¡el resto más…!”


Con más ganas de seguir rockeando el cuerpo, la gente tuvo que elegir entre el metalcore de From Fall to Spring en el Main Stage y la leyenda británica de Massive Wagons en el T-Stage. Después de haber visto cómo se las gasta el grupo germánico en el pasado Leyendas del Rock, la atención se inclinó hacia Massive Wagons; ¡siempre sin arrepentimientos! El grupo sajón se ha consolidado como uno de los grandes referentes modernos del punk rock y/o alternativo, moviendo una gran cantidad de gente en sus bolos. Los últimos trabajos de estudio se rodean de un laureado elenco de críticas positivas, de modo que ejecutar un setlist respecto a ellos era la opción perfecta en el Summer Breeze. Mediante una actitud ligera y de índole festivalera, Massive Wagons utilizó al público cual altavoz de los temas.


De un modo similar a Betontod en el día anterior, la dinámica del show británico se guió por una fácil percepción sonora de las melodías, una contagiosa alegría escénica y el buen humor a flor de piel. Hubo momentos muy álgidos, donde el punk/rock mudaba los aires hacia vertientes más heavies o justo lo contrario. El equilibrio del espectáculo de Massive Wagons no sólo se enclavó en la interacción social, sino también en saber dosificar los ánimos y mantenerlos centrados en los artistas. Es decir, si la banda se lo pasa bien, ¡el resto más! Bajo ese manto de percepción objetiva, el show de los británicos superó las expectativas de los fans y mereció, sin margen de error, estar en el Main Stage en honor a su capacidad de hacer que la gente se montase una fiesta improvisada en mitad del solana.

 

Broken by the Scream – “El empujón de adrenalina perfecto para despertar al festival…”


Ya se comprobó, en el Wacken, que el J-Pop de Broken by the Scream tiene más de metalcore/deathcore que el propio género nipón en sí.  No obstante, la segunda ocasión de disfrutar ante la genial maquinaria audiovisual que es Broken the Scream quedó algo descolocada debido a la escasa media hora que tuvo de actuación en comparación a la casi hora ofrecida en el Wacken. No se dio una imagen de velocidad interpretativa, aunque sí quedó el regusto de un show de “¡no pestañees o te lo perderás!”. Con ese exótico sonido que caracteriza a los shows aparte de los cuatro vocalistas (Io, Tsubaki, Shizuku y Yayoi) la formación se dio el gusto de formar los moshpits más salvajes de la segunda jornada del Summer Breeze en plena canícula. Las nubes de polvo levantadas por los breakdowns acrecentaron la violencia general, al igual que el continuo surfeo por encima de las cabezas.


Los feroces contrastes entre voces melódicas y guturales sonaron con una nitidez demoledora, guiadas por una base instrumental técnicamente impecable gracias al ejército de zombies que acompaña al cuarteto vocal. Su presencia escénica tuvo la  reputada ganancia de las perfectas coreografías y mímicas mutuas. Visuales y agresivas a la vez, sirvieron como el empujón de adrenalina perfecto para despertar al festival por las inmediaciones del Tool Rebel. La mezcla de cultura Idol y el metal/rock extremo demostró que en el mítico festival germano hay espacio para todo tipo de propuestas. La banda japonesa firmó una actuación fresca y brutal que dejó una buena impresión en el público. Quizás más tiempo hubiera estado bien con motivo de que Broken by the Scream consiguiese el mismo triunfo que en el Wacken, quedándose muy cerca.

 

Grand Magus – “Aquí no valían los teatros ni las narrativas escénicas, sólo metal/rock old school…”


No sería correcto utilizar tal término por la ignorancia que regenera en el mundo del metal/rock, pero el concierto de los veteranos Grand Magus se podría entender como un show “A lo Metalpaco”. Para muchos sonaría ofensivo, aunque sin entender el contexto a priori ni haber visto a la banda en directo en el Summer Breeze, ¡que lluevan las críticas de antemano! Después de tantas muestras de metal/rock moderno, ya iba tocando el momento de contemplar a la vieja escuela enseñar la grandeza de las raíces clásicas. He aquí el concepto de Grand Magus, heavy/doom sin tapujos y envuelto en una aura enclava por los años dorados de la industria extrema.


Entre tachuelas, chalecos de cuero y mucha estética propia, el trío sueco dominó el T-Stage con un compendio de riffs pesados, temas fáciles de seguir y una apelación social bien distintiva. Incluso con el calor ambiental apretando por los alrededores, no se consiguió intimidar a JB y Fox, quienes exprimieron la cordofonía en un sonido nostálgico y muy sensacional en la percepción general. Sin duda, el ganador de la cita fue la áspera voz de JB, todo un símbolo cualitativo que captó el interés del público y remarcó la participación corista en el setlist. Aquí no valían los teatros ni las narrativas escénicas, sólo metal/rock old school que reivindicase la gloria del pasado musical y su impacto en la sociedad. El mejor término que describe a Grand Magus, en contraste al mencionado antes, es “Camaradería” por un bien común, la esencia más pura del mundo heavy.

 

Northlane – “Es difícil equilibrar la agresividad con la melodía, hecho logrado por Marcus…”


De vuelta al Main Stage, el metalcore volvió a hacerse fuerte con el sol en su cénit. Mucha gente se apiñaba al frente en el venidero show de Northlane. Desde Sídney, el cuarteto australiano volvía a tierras europeas bajo un bienestar grupal formidable, aparte de presentar su nuevo álbum “Anemoia” junto a otros hitos de su trayectoria profesional. Valiéndose de la versatilidad que rodea a los artistas, Northlane mostró su faceta más moderna con unas brutales dosis de música moderna con tintes electrónicos y mucho djent. El contraste escénico se guió por dos claves muy remarcables, ganándose el corazón y el alma del público más joven y adeptos a la vanguardia actual. Más allá de las creencias iniciales, Northlane no se basó únicamente en ejecutar breakdowns, sino en construir un paisaje singular donde la pantalla digital tuvo mucho peso en el decoro de la retaguardia.


Es difícil equilibrar la agresividad con la melodía, hecho del cual Northlane tiene a la persona perfecta, Marcus. Modulando el tono vocal según la impresión lírica a mostrar, se convirtió en el director de una orquesta social que le seguía muy de cerca, colaborando siempre que se presentaba la oportunidad. Para el grupo australiano no existían altibajos, sólo una línea recta donde tener enganchado al público y captar gente de otros lugares. El sonido general se encargó de ello, haciendo que el contraste gutural y limpio de Marcus retumbase por el recinto a la vez que la suavizada distorsión cordófona. Es posible que Northlane haya dejado de ser una promesa futurista en el metalcore mundial, pero su impacto en el desarrollo musical sigue muy vigente. En el Summer Breeze, Oceanía se coronó enviando a uno de sus mejores comandantes de las primeras oleadas del metalcore austral, pues no tardaría en salir el siguiente, Kim Dracula.

 

Deserted Fear – “No daban mucho crédito de estar tocando en un festival de renombre nacional…”


El T-Stage aún necesitaba alguna pastilla más de radicalidad social al final del mediodía. Por ello, la presencia de los germánicos Deserted Fear era la ocasión de cambiar el procesador por el old school crudo y pesado de lo que es el death metal/rock. Con la formación intacta desde su formación en 2007, el cuarteto activó la mecha nuclear de un público que quería volver a sentir el poder desgarrador de unos ritmos demoledores. Aunque el sonido tiraba más hacia texturas modernas, la espíritu clásico no se perdía a través de la hostil y agresiva actitud de los artistas. En una cordofonía muy grave con una densidad palpable, los tonos guturales rompían los esquemas de los novicios mientras los veteranos sonreían de la calidad expelida. La dualidad guitarrista se combinó en la ejecución melódica mediante un fácil juego de compartición mutua, el cual funcionó muy bien en directo durante todo el repertorio.


La batería de Simon fue un artífice de locura general, ya que su doble bombo y los cambios rítmicos azuzaba la génesis de moshing al instante. Al igual que Grand Magus, la carencia de elementos escénicos accesorios y/o decoros, salvo el logotipo en el telón, tuvo el impacto deseado en la concepción del metal/rock extremo. Además, hay que recalcar la visible emoción de los músicos, quienes no daban mucho crédito de estar tocando en un festival de renombre nacional como el Summer Breeze (¡un sueño cumplido!). La ganancia sonora se explayó por las inmediaciones, atrayendo gente de paso por el merchandising. Por supuesto, Kim Dracula no iba a esperar en el Main Stage, aunque un poco más de permanencia en Deserted Fear hubiera estado genial para dejarse el corazón en el extremismo musical.

 

Kim Dracula – “Una hora de show fue más que perfecta para disfrutar de una singular experiencia”


Después del primer bocado austral con Northlane, mucho público juvenil en las primeras filas siguió desafiando el incipiente calor de la tarde. El caótico artista Kim Dracula no tardó en salir a escena entre vítores y aplausos. Es complicado definir el estilo musical que desarrolla Kim Dracula desde que se desveló en el mundo de las RRSS. No obstante, el súbito impacto que tuvo a posteriori le ha valido un título de divinidad en quienes buscan algo diferente y original en las vertientes modernas. Más extraño es observar que el fenómeno desencadenado por el australiano sigue creciendo a cada concierto que ofrece, así que su actuación en el Summer Breeze volvió a abrir el catálogo musical incluso a los más cerrados y/o metalheads clásicos. Embebido el grupo en una estética formal capitaneada por el propio Kim Dracula, una hora de show fue más que perfecta para disfrutar de una singular experiencia a cargo de una consagrada promesa del metal/rock alternativo. El caos formado en la actuación fue más propio de un laboratorio imprevisto, pues lo inverosímil se hacía realidad en una singular sorpresa.


Hay algo que caracteriza mucho al artista austral, aparte de su visión conceptual de lo que es la industria extrema. El aspecto extravagante en la mímica y la gesticulación es uno de sus fuertes, al igual que la modulación laríngea en función de la carga emocional lírica. Ese equilibrio, emitido en cada canción, cautivó el interés social en una espiral de apoyo mutuo incondicional hacia él. Por supuesto, Kim Dracula no venía solo a su cita germánica, sino que le acompañaba un excelso grupo de compañeros que dieron una imagen instrumental notable y muy dinámica. ¡Hasta el saxofón estuvo a la altura sonora de la cordofonía! De naturaleza corta por la brevedad de los temas y muy intenso, el repertorio también se vistió de gala con algunos covers de figuras míticas, ya fueran de Pearl Jam, Lady Gaga o Parkway Drive. Esa facilidad de adaptar otros géneros a la cultura extrema se convirtió en un absoluto atractivo de Kim Dracula, quien demostró que su impacto mediático tendrá un futuro glorioso.

 

Trollfest – “Trabajarse bien el papel y ofrecer algo distinto que cautive al público de principio a fin…”


Menuda sorpresa nos llevamos con Trollfest en el Copenhell, así que repetir la fiestera experiencia con el combo noruego en el Summer Breeze era una obligación. Sí, el show fue idéntico al evento danés, al igual que la diversión musical y la estética flamenca que aúnan los artistas en directo. En vez de realizar un folclore típico con su habitual estilo metal/rock, Trollfest es de esas bandas que sólo desean hacer que el público cante y baile sin ninguna preocupación. Maquillajes por doquier, mucha alegría en el recinto del T-Stage, canciones ejecutadas por una armada de músicos bromistas… En pocas palabras, una fiesta metalera de índole surrealista que convenció a todo aquel que se acercó al show. ¿Por qué complicarse la vida cuando la algarabía es más devota que el propio grupo? Recitando los estribillos en danzas regionales, beber y comer al ritmo de Trollfest es una vivencia singular que cualquier persona debería ser partícipe siempre que sea posible.


Hasta hubo un momento de mudar los aires con “Day Drinking”, tema que pertenece al regreso de la era de monstruos y ogros que llegará en noviembre bajo el álbum “Trollywood”. El espectáculo de Trollfest fue tan increíble que poca gente se movió del sitio en dirección al Main Stage con Imminence. Los más jóvenes e infantes disfrutaron al máximo, la gente reía con la actitud de los músicos y el sonido, sólido al completo, tuvo la suficiente energía de triunfo heavy absoluto. Quizás alguien piense la estética del grupo es extravagante y ridícula; ¡ése es el secreto de Trollfest! Trabajarse bien el papel y ofrecer algo distinto que cautive al público de principio a fin. Lo absurdo se convierte en una genialidad, los moshpits cambiar a pistas de discoteca y así se percibió en el Summer Breeze, allanando el camino hacia Imminence con una sonrisa abierta y tarareando los himnos de una banda que no defrauda jamás.

 

Imminence – “Hay una palabra que describe el show al a perfección, Violincore…”


El metalcore, a pesar de las convicciones en su concepción de ruido desbocado y sin leyes de por medio, también posee cierta elegancia. No es el mejor vocablo para describir la actuación de los suecos Imminence, aunque hay una palabra que describe el show al a perfección, “Violincore”. Entre melenas al viento y una hermosura varonil que conquistó al ámbito femenino del Main Stage, Imminence exaltó su repertorio con una actuación férrea bajo la imponente catedral digital con estética gótica y dramática. El contraste sonoro de Imminence bien se conoce, de ahí el gusto que hay el combo sueco. Aunque pareciera sosegado en el dominio del violín, Eddie estallaba su tono laríngeo en alaridos guturales de una textura emocional muy llamativa. El cambio repentino de sensaciones no era un conjunto de simples breakdowns, sino una perfecta sincronización de la cordofonía dirigida por Harald y Alex. A cada del escenario, expusieron unos matices sonoros tajantes que la gente acató en los moshpits.


Mientras Eddie utilizaba el arco del violín cual batuta de orquesta, la personalidad del show adquirió unas dimensiones extrasensoriales donde era imposible perder el interés. También hubo elementos épicos sin perder el mantenido ambiente de crowdsurfing y el intenso headbanging social. El balance entre las pausas melódicas y los golpes inmediatos fue otra rompedora concepción que reventó la lógica estructural de un concierto típico de metal/rock moderno. Otra sorpresa fue la aparición de Adam (Vola) a la batería, quien otorgó su portentoso manejo baterista. Poca gente criticaría el dinámico desarrollo de Imminence, pues tras quedarse algo descolgado en el Copenhell, se encontró en el Summer Breeze con mayor ganancia que nunca. Un ansiado regreso al festival que muchos recordarán a posteriori de una forma casi mesiánica.

 

Saltatio Mortis – “El T-Stage se le quedó muy pequeño al supercombo germánico…”


En todos los horarios y flyers de información se mencionaba que habría un show sorpresa en el Summer Breeze .Más en especial, en la zona del T-Stage. La curiosidad de Metaltrip era máxima, pues con el cartel que tenía el festival, ¿qué novedad sería la anunciada? La cantidad de gente en el recinto superaba el límite de aforo y la incógnita musical se mantuvo hasta el último momento en que cayó el telón frontal. ¡OH, SÍ! El fantástico grupo Saltatio Mortis, que se había confirmado en la edición venidera del Summer Breeze, ¡se descubrió entre explosiones de confeti y un estallido folclórico singular!

La ocasión, para servidor propio, empezó con un llanto inesperado, pues Saltatio Mortis fue cabeza de cartel en el pasado Wacken y no se pudo contemplar la actuación debido a las intensas lluvias. Ahora tocaba la redención de saltar y cantar al ritmo de unas canciones fiesteras. Desde el comienzo y sin decaer los ánimos, Alea lideró las masas en un entrenamiento colectivo de corear con el particular entusiasmo que se derrochaba desde el grupo. Incluso desde el foso de seguridad, Alea y los gaiteros siempre estuvieron en plena comunión social, gozando del cercano contacto con los fans.


El interés por la zanfoña de Falk Irmenfried era inmenso, pues en constante movimiento, se le oía por cualquier rincón del lugar. El resto de integrantes, desde la cordofonía hasta la portentosa percusión, incrementaron el estupendo ambiente de jolgorio sin límite alguno de fiesta. Por supuesto, no faltaron momentos álgidos de éxtasis artístico, como la aparición de la mascota del festival, Mikey, o el surfeo del barco vikingo hinchable, donde Alea se codeó en un frenesí increíble de apego social. Los músicos estaban atónitos de la repuesta que la gente exponía ante Saltatio Mortis, levantando nubes de arena o imitando bailes al son de los temas del setlist.

¡Sí, el T-Stage se le quedó muy pequeño al supercombo germánico! La celebración poseyó una dimensión tan magnánima que muchos, por desgracia, ¡se arrepintieron de estar con Saxon en el escenario principal! Se hubiera sabido de antemano o no, no se vacila en afirmar que el “show sorpresa” del Summer Breeze fue, sin margen de error, una hora de puro folclore patrio lleno de humor y una actitud inmejorable que sólo Saltatio Mortis es capaz de convertir en una experiencia histórica.

 

Aesthetic Perfection – “Estas cosas son las que hacen que un festival posea una rica variedad de propuestas…”


Obedeciendo las medidas de prensa y fotografía requeridas durante los shows de los cabezas de cartel Saxon y Eisbrecher, una visita rápida al escenario del Camping, el Campsite Circus, dejó una doble sorpresa que quedó grabada en la memoria de Metaltrip. Para dar inicio al atardecer y con mucho público en los alrededores, el excéntrico trío de Aesthetic Perfection se ganó un merecido sitio en la gente que no buscaba una propuesta de metal/rock como tal, sino algo muy diferente de textura puramente industrial. Una definición bastante acertada, pues la combinación del EBM, synthpop y el carácter metal/rock acaparó más atención de la esperada en un festival extremo como el Summer Breeze. Liderado el grupo por el icónico Daniel Graves, Aesthetic Perfection desplegó una infinidad de beats y programaciones accesorias con motivo de convertir el Campsite Circus en una zona de baile improvisada con una mezcla gótica e industrial.


Mediante la batería repetitiva de Joe y el virtuosismo de la carismática Constance, Daniel ejecutó una sucesión de mímicas que la gente imitó de manera igual. Un show algo alejado de la realidad heavy y que ofreció lo que el público circundante quería, una dosis discotequera con mucho ritmo de agresiva base distorsionada. Con bailes de todo tipo, saltos y simples coros, Aesthetic Perfection no necesitó de mucho empeño para ganarse un lugar especial en el recuerdo del Summer Breeze. Además, el show tuvo el tiempo adecuado para no resultar tedioso ni aburrido, hecho que se reconoció en el multitudinario baño de masas que Daniel y compañía tuvieron durante el desarrollo del show. ¡Estas cosas son las que hacen que un festival posea una rica variedad de propuestas para todos los gustos!

 

Warfield – “La despiada concepción bélica que poseen los hermanos Clemens…”​


Mucho hablar de géneros heavies en el Summer Breeze, pero todavía no se había encontrado ni una sola banda que respondiese a la llamada thrasher del old school. Quizás Persecutor, en el primer día, dio algunas trazas de la frenética agresividad del estilo clásico. No obstante, la sorpresa fue magnánima cuando, después de pillar un refrigerio en el Campsite Circus, se anunció que la siguiente actuación sería de la apisonadora Warfield. Bien ya conocimos la despiada concepción bélica que poseen los hermanos Clemens durante su show en el Eindhoven MM, así que volver a sentir el poder thrasher era un deber inmediato. Mediante una actitud frenética donde la velocidad fue la principal causa de algarabía social, Warfield agarró a los presentes con cadenas y enseñó cómo se hace buen thrash clásico sin tonterías ni modernidades. A pesar de la corta discografía del grupo, que se remonta a dos álbumes de estudio y EP, una quincena de años de trayectoria es suficientes para que el mundo extremo tenga en cuenta a Warfield como un valor seguro de disfrute singular. Nivelando el setlist por ambos discos, los tres músicos no se cortaron en ofrecer un show de mutua violencia musical.


Mediante unos punteos acelerados y de apenas tiempo de reacción, Matthias no conseguía contener la furia de su interior en la ejecución guitarrista. Seguro de sí mismo y confiado, cada nota y acorde eran una tormenta de hostias faciales a quienes le otorgaban una mirada de interés. A su lado y guiando las bélicas líricas, Johannes jugaba con el bajo como si fuera un muñeco de trapo. Entre golpes manuales y una potencia sonora capaz de engendrar arritmias, el joven músico era el epicentro de los últimos moshpits de la jornada. Uniéndose ambos a los perfectos redobles de Dominik y su técnica de doble bombo, la gente sintió el auténtico valor de la guerra a través de una música directa sin tapujos y que culminó entre ovaciones y peticiones de bises a mansalva hacia Warfield.

 

Cryptopsy – “El moshing se convirtió en el dogma social de un infierno…”


Tantas bandas tocando por los distintos escenarios y la mayor injusticia, al menos del segundo día, se la llevó la leyenda canadiense de Cryptopsy. Referentes absolutos del brutal/technical death metal por su estilo gutural tan profundo y visceral, el Tool Rebel se quedó pequeño para el desbordante exceso de público que se concentraba bajo las redondas carpas. Cryptopsy no acudía al Summer Breeze para dar su espectáculo e irse sin más, ¡justo lo contrario! Cuando los primeros redobles de Flo repicaron en los alrededores, el moshing se convirtió en el dogma social de un infierno a los pies de la imponente figura vocal de Matt. A diferencia de Lord Worm, Matt era una máquina de guturales a mansalva, dejándose cada cartílago laríngeo en ejecutar su rol en una maestría inaudita. ¡Los demonios más aguerridos huirían de él al oírle cantar! Si se añade que Cryptopsy glorificó al público con la práctica del “None So Vile” en contraste a los últimos trabajos, ¡no se diga más!


Bajo una intensa luz cromática y tenue sombra en los laterales, el cuarteto canadiense sacó su mejor artillería sonora bajo el amparo de una velocidad brutal y una complejidad estructural imposible de describir con palabras cotidianas. Quien necesitase una inyección de metal/rock extremo del más alto nivel radical, ¡tuvo que estar en Cryptopsy sí o sí! La cordofonía de Christian no defraudó en la distorsión escogida en el monitoreo general, al igual que el éxtasis grave de Olivier. Sin dejar de moverse en su estática escénica, los blast beats, breakdowns y la precisión percusionista de Flo recorrieron el Summer Breeze dando vida a la teoría del efecto mariposa. Está claro que Cryptopsy mereció tocar en un escenario más grande y ante más público debido a su influencia histórica en el desarrollo de las vertientes radicales del mundo heavy. Eso sí, el show vivido al inicio de la noche germánica acabó dejando a mucha gente por los suelos, pues la conmoción gutural quedó perenne en la memoria de los fans.

 

Mushroomhead – «Si no fuera por el empeño puesto por Jackie y el resto de cantantes…»


La brutalidad desmesurada de Cryptosis no iba ser fácil de obviar en el resto de la jornada, así que acudir al T-Stage fue una buena opción con motivo de descubrir otra banda que debutaba en el festival. Mucho tiempo se llevaba hablando del original metal/rock industrial y alternativo de Mushroomhead, en especial, los shows que muestran con una amplia gama de llamativos enseres y los insólitos disfraces. No son unos Slipknot o parecido, aunque la indumentaria sí que recordaba a los clásicos vestuarios de los de Iowa. No obstante, los rumores no eran falacias sin sentido; ¡qué forma de encauzar un espectáculo en un ambiente perturbador! Para haber más de siete artistas en el escenario de vez en cuando, Mushroomhead supo dosificar las sorpresas en función del setlist.

El reciente “Call of the Devil” se presentó lo justo y necesario, dejando espacio al resto de la discografía con múltiples medleys y el éxito de masas que fue “Heresy”. La imagen era una parte muy importante de la banda, hecho que se quedó bien probado y gustó bastante a los asistentes. La mala fortuna de coincidir con Eisbrecher provocó un continuo flujo de gente por el recinto del T-Stage que afectó, un poco, a la cantidad social en Mushroomhead. Unos llegaban, veían al grupo actuar un rato y se iban. Otros se quedaban a buscar sitio o intentar llegar más adentro…


Tras unos cánticos hacia Bob Esponja, los de Oiho no dejaron escapar la oportunidad de ser adalides de unos movimientos sociales donde la batuta era dual. Con los parches de los bombos mojados y una iluminación en contraluz, las baterías de los laterales se convirtieron en las estrellas del show. Cierto que la guitarra y el bajo se valieron de las plataformas para ganar algo de presencia extra; la gente no se creía que la percusión dominase el desarrollo musical de Mushroomhead. Reflejando cada golpe con el llamativo efecto visual de reacción, las baterías engendraron los moshpits a cada rato. Intercambiando el micrófono según las líricas y la fuerza de impresión vocal, la gloria frontal apareció con la salida de Jackie Laponza. Huracán de sensaciones artísticas con una potente voz, la misma se codeó con los fans en mutua cordialidad desde la posición de público.

Si no fuera por el empeño puesto por ella y el resto de cantantes, se podría decir que Mushroomhead dependía más de su retrato escénico que de la música en sí. Un equilibrio que se movía por una delgada línea roja, aunque el combo americano la recorrió sin problema. También hay que mencionar la nula estática de los músicos, pues nadie permaneció quieto en su sitio ni más de diez segundos. ¡Ni siquiera en los breakdowns y solos instrumentales se hallaba algo de paz! Desde esta perspectiva de intencionalidad, es imposible alegar que Mushroomhead estableció una dimensión teatral en su show, sino que la bordeó y debutó (¡a lo grande!) en el Summer Breeze.

 

Amorphis – “Llegó al Summer Breeze para triunfar de una forma absoluta, impecable y a la altura de las expectativas…”


Una de las tracas finales de la jornada, después de una intensa sucesión de shows repletos de diversidad musical extrema, acabó cual sorpresa esperada en gran parte de la gente. Habiendo abandonado el estilo radical con el cual comenzó y retomando esa senda en función de las necesidades creativas, Amorphis es uno de los símbolos más puros del metal/rock finés. Con la formación estable en su núcleo creativo al igual que una férrea devoción temática respecto a su cultura propia, Amorphis llegó al Summer Breeze para triunfar de una forma absoluta, impecable y a la altura de las expectativas. Teniendo muy reciente el estreno de “Borderland” que tanto ha dado que hablar sobre su línea melódica libre de exabruptos, el reputado combo despejó parte de las dudas que afirmaban un abandono gradual del metal/rock a través de un espectáculo asombroso y repleto de sorpresas.

La escenografía, tan simple en un variado juego iluminativo y la clara referencia al nuevo disco, ayudó a establecer una genial textura audiovisual donde cada artista se vislumbraba perfectamente; ¡el humo también fue una parte protagonista a la hora de generar unas interesantes sombras y siluetas! Poco más de una hora no es suficiente para contemplar todo el poder musical de Amorphis, más sabiendo la extensa discografía que posee el grupo desde hace treinta y cinco años. No obstante, cuando se hace una selección minuciosa de una docena de temas, lo importancia recae en ofrecer lo mejor que exista en el palmarés; ¡bien se consiguió, a expensas de un par de cortes clásicos! Unos quedaron conformes, otros no tanto… Aun así, las opiniones fueron ecuánimes en dar un voto muy positivo a la actuación de Amorphis, ya fuera en cercanía social, sonido general, puesta en escena u otras características a tener en cuenta.


Cada asistente tendrá su preferencia vocal entre el clásico Pasi y la entrada de Tomi hace dos décadas; ¡el segundo por exclusividad! Demostrando una actitud personal fuerte y sin perder el cautivador toque laríngeo, Tomi balanceó el tono entre agudos y graves en función de las líricas a transmitir. Tan pronto podía soltar un  desgarrador alarido de ultratumba como tocar el alma cual elegante soprano de orquesta. El interés se lo llevó desde su posición frontal, aunque hubo reparto de momentos gloriosos para el resto de músicos. La legendaria cordofonía de Esa y Tomi es un conjunto de doble engranaje vital, ¡no pueden subsistir el uno sin el otro! Un incipiente solo por aquí, ritmo trasero de apoyo al instante. Si hay que fortalecer la armonía y generar contrapunto, allá van ambos cuales hermanos. Verlos actuar hacía erizar el cabello de la perfección interpretativa, recreando la atmósfera adecuada por cada canción sin olvidar la interactuación con la gente. “Bones”, “Wrong Direction” o “Sampo” fueron auténticos feudos cordófonos, añadiendo la brutalidad sonora de la mítica “Black Winter Day”.

Ya que se ha mencionado el aspecto de adornar melodías e infundir un espíritu, la tarea teclista de Santeri es digna de mencionar aparte. Desde la retaguardia, observaba el panorama del disfrute social, generando un estado de plena satisfacción en él a cada acorde o progresión que instauraba. Lo mismo sucedía con Olli-Pekka, cuyo bajo sufría una catatonia especial en la emoción límbica. Sus dedos rozaban las gruesas cuerdas mientras su dinámica, enclavada al lado de Tomi, le impedía evadirse de la realidad musical que le tenía sometido. Por el contrario, la percusión de Jan recorrió todas las rutas posibles de matices técnicos. Un doble bombo suave, golpeteo simple de platillos… Una dulzura baterista que también otorgó su faceta bestial en las zonas más rudas del repertorio. Una pena fue anunciar el final del show con “House of Sleep” y “The Bee”, hecho que puso en pie a los miles de asistentes en un clamor de bises bien justificado. Por desgracia, la petición cayó en el olvido, dejando un cierre maravilloso por parte de Amorphis y su influencia en el metal/rock mundial.

 

Blackbraid – “No invoca a Satanás, demonios y otras formas infernales, sino que interpela al lado natural de la realidad…”


Hay fenómenos que merecen una mención aparte en el mundo del metal/rock extremo. Muchos géneros se reinventan en una constante adaptación a la evolución de los tiempos culturales, pero no por ello, pierden su esencia primigenia. El Summer Breeze presenció uno con la llegada de Blackbraid, el brutal proyecto blacker americano del artista Jon S. Krieger “Sgah’gahsowáh”. Si el T-Stage no superó el aforo permitido durante su actuación, ¡poco faltó! La gente no iba a perderse la oportunidad de comprobar si merecía tanto la reputación obtenida, en tan poco tiempo, de Blackbraid y por qué llama tanto la atención una música black metal/rock que difiere de lo cotidiano. Al acabar el show, la respuesta unánime quedó evidenciada en el tremendo apoyo que Jon S. Krieger y compañía obtuvieron de cientos de fans en una completa adicción insana.

¿Quién es Jon S. Krieger? Intentando no desvelar muchos detalles de él, se puede comentar que es un artista arraigado a las artes oscuras de la realidad con una ascendencia mexicana. Con esto, ya se puede saber la razón principal del éxito absoluto que tiene Blackbraid allá donde interpreta sus canciones. Hay mucha blackería salvaje y de rudeza inaudita, pero el motivo de interés se esconde en la cultura social; indígena por así decirlo. Blackbraid no invoca a Satanás, demonios y otras formas infernales, sino que interpela al lado natural de la realidad. En vez de sentir la inspiración en una creencia distinta o religiosa, se nutre del arraigo al ámbito natural y las prácticas primigenias de la humanidad. ¿Qué atractivo tendría una flauta nativa en un show más heavy que una pedrada en la cabeza? ¿Por qué la gente atendía, en silencio, a la llamada musical de las fuerzas naturales que Blackbraid invocaba? Esa respuesta se halló en la férrea conexión que tiene el ser humano con el origen y el fin de la existencia.


Todos quedaron extasiados de la crudeza, pesadez y furia desbocada en los temas ejecutados de la corta y prolífica discografía de Blackbraid. Sin embargo, otras personas (¡pocas, creemos!) quisieron mirar más allá de la fachada que los artistas mostraron en general. Dinámica hostil y muy agresiva, fiereza musical donde los moshpits ya no tenían control alguno, un azogue de voluntad capaz de desgarrar cuerpos… ¡No cabe duda que Blackbraid es violencia pura tan sorprendente como original! La cordofonía guitarrista, ataviada en maquillajes indígenas, no sólo se postureó en la magnificencia, sino que ejecutó su rol en completo apoyo de la gente gracias a ese sonido nítido de índole distorsionada. Lo mismo se podía decir del bajo y la batería, protagonistas especiales de los breaks y los añadidos ambientales. “The Spirit Returns” o “Sacadanga” atrajeron algo menos por la diversificación cultural en la riqueza armónica, pero nadie se atrevió a criticar el setlist de una banda que calló bocas y asesinó a haters con una escénica brutal y repleta de sorpresas.

Más que un concierto heavy, algunos tenían la sensación de estar presenciando un culto pagánico mediado en la actualidad moderna. Justo ese contraste, en opinión de Metaltrip, era lo que hacía a Blackbraid ser uno de los cabezas de cartel del festival junto a Unleashed el primer día de jornada. Al acabar el show, los artistas del grupo cumplieron la petición de los bises con una pieza extra que sentó cual plena satisfacción de haber vivido el mejor concierto del año. Alguien habrá que critique la actuación, ¡por supuesto! Eso sí, nadie de tal calaña pululaba por las inmediaciones del T-Stage por el tremendo interés hacia la propuesta musical. Si alguien pregunta porqué Blackbraid mueve masas sociales de forma inmediata, quizás esta crónica sea una respuesta relevadora, o en caso negativo, que acuda a un show en directo con la previa escucha de la discografía pertinente. Es muy posible que el fanatismo por la blackería natural se desarrolle cual río que nace en la montaña, llega al océano y continúe por un horizonte eterno.

 

D’Artagnan – «La gente acabó maravillada de un show que tuvo de todo, incluyendo fuegos artificiales y pirotecnia…”


Hubiera gustado una permanencia hasta el final con Saor, pero el cansancio ya hacía mella en el cuerpo y aún quedaba medio festival por delante. El debut de D’Artagnan en el Leyendas del Rock el año pasado fue tal que la banda volvió a repetir este año, y sabiendo que el grupo cerraría el Main Stage del Summer Breeze, ¡de cabeza a la boca del lobo! Al igual que Saltatio Mortis, D’Artagnan cogió al público restante de las inmediaciones y le infundió un sentimiento de colectividad común bien definido, disfrutar en una taberna folclórica incluso si estás soñando en los campos de la imaginación.

Violines, gaitas, mandolinas… Ni siquiera se notaba la distorsión de los instrumentos eléctricos, pues la balanza tenía un componente acústico sobresaliente. Con el espléndido Ben llevándose los honores cual líder grupal, la gente acabó maravillada de un show que tuvo de todo, incluyendo fuegos artificiales y pirotecnia. La diversión estaba más que asegurada con un índice participación social absoluto, coreando versiones no demasiado heavies como “Wake Me Up” del DJ Avicii o “Holding Out for a Hero” de la recién fallecida estrella musical Bonnie Tyler.


No se tenía muy claro si D’Artagnan estaba dando un concierto musical como tal o abriendo las puertas de la taberna en la madrugada. Lo que sí se vió fueron muchas ganas de pasárselo bien, bailar y saltar como si no hubiera un mañana y establecer una dinámica escénica que la gente pudiera seguir con total independencia del estado biopsicosocial. ¿Qué necesidad hay de headbanging extremo o moshpits salvajes? Agarrad del brazo a quien tengáis al lado y danzad con “Herzblut”, “Farewell”, “Westwind”… Mensajes que no necesitan una orden o apelación verbal mientras la música se encargue de ello. ¿No te conoces las canciones ni las letras? ¡Da igual, tú alza la voz y ya está!

A falta de melodías pesadas y ciertas armonizaciones complejas, con tener una intensa base con adornos tradicionales se puede jugar en las grandes ligas del metal/rock actual. Mucha gente calificó el show de D’Artagnan cual aventura repleta de viajes sorpresivos, encuentros inesperados y una épica en el núcleo común grupal. El interés no se despegó tampoco de Tim y Gustavo, principales escuderos de Ben y con quien conformaron la tríada perfecta de “Mosqueteros” para dar fin al show con “C’est la Vie”. Reponer fuerzas y dormir con el lustroso amparo de D’Artagnan fue un lujo que hizo brindar a más de uno con una amplia sonrisa al final del segundo día en el Summer Breeze.

Fotografía y Crónica by A. Wesker V.S.

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