Un sonido es, de forma básica y simple, una onda mecánica que se propaga a través de un medio, sólido o fluido, mediante unas ciertas características que la determinan y diferencian de otras ondas. A diferencia de las ondas electromagnéticas (la luz, espectro visible…) el sonido no se difunde por el vacío; es decir, necesita de un medio obligado para poder fluir en las distintas direcciones y vectorizaciones tridimensionales del espacio-tiempo. Arraigado al ámbito de la música y el arte, las implicaciones físicas del sonido no se confinan al entretenimiento y la composición, sino que también tienen su presencia en ámbitos muy distintos como las matemáticas, la sanidad o la fonética.
El sonido posee cuatro cualidades básicas que, en gran parte, permiten distinguir una onda mecánica de otra, aunque sea por un margen muy pequeño y casi imperceptible desde el punto de vista macro. Desde los tiempos clásicos, la sociedad humana ha relacionado al sonido con la naturaleza, describiendo intervalos de belleza-tensión (Pitágoras) la compresión-expansión del aire (Aristóteles) o el uso de propiedades acústicas en la arquitectónica, como la interferencia, el eco o la reverberación (Vitruvio). No obstante, en la estructura base del sonido, hallamos el cuarteto cualitativo más notable, siendo la Altura, la Intensidad, la Duración y el Timbre.
Altura: Se trata de la cualidad que nos informa sobre el número de repeticiones o vibraciones que tiene una onda mecánica en función del origen de la fuente material. En otras palabras, la frecuencia de la misma, por lo cual a mayor repetición, más frecuencia y viceversa. Esto se traduce en que una frecuencia alta nos expresa un sonido más agudo, mientras que a menor valor, este será más grave. La altura musical se cuantifica en Hertzios (Hz) y el umbral auditivo humano se establece entre los 20-20.000 Hz.
Intensidad: Se trata de la cualidad que nos informa de la fuerza con la que el objeto o material vibra y causa las ondas mecánicas, las cuales replican la magnitud originaria. Dependiendo de la potencia, el sonido puede ser fuerte o suave según el matiz, lo cual está muy relacionado con la amplitud o el volumen de la onda en sí. La intensidad musical se cuantifica en Decibelios (dB) y en el oído humano, el umbral comienza de los 0 dB hasta una media normal de 100 dB. A partir de aquí, valores más altos se consideran dañinos y perjudiciales para la saluda acústica.
Duración: Se trata de la cualidad que nos informa de la prolongación, en el tiempo, de las ondas sonoras producidas por la vibración de un objeto o material. Está muy relacionada con el ritmo en la representación de este respecto a la medida estándar del tiempo, el segundo.
Timbre: Se trata de la cualidad que nos informa sobre las características o texturas de las ondas mecánicas y la cantidad armónicos presentes en ellas. Por ejemplo, su procedencia, identidad, sensación, emoción… Brevemente, es la característica que diferencia a un objeto de otro, aunque estos sean de una naturaleza similar (las voces de varios amigos, los motores de coches, los instrumentos de una orquesta…) Por lo tanto, el timbre se podría definir como la cualidad identitaria de un ser o ente, ya que podemos diferenciar un sonido de una misma altura, intensidad y duración gracias a él.

En el arte musical, el conocimiento de estas cuatro características básicas del sonido es fundamental para poder comprender la férrea estructura que posee la naturaleza de las ondas mecánicas y su aplicación en la vida real y rutina diaria (las octavas de un acorde según la altura, la diferencia intrínseca de la potencia de un violín y un contrabajo, el sistema de división temporal de las figuras musicales, la distinción entre tenor y barítono o soprano y mezzosoprano…)
Texto y Artículo por Redacción MetalTrip




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