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Teoría Musical: El Tempo y las Figuras
Rincón del músico

Teoría Musical: El Tempo y las Figuras

07/06/2024 0 Comments
2 años atrás
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Una pieza musical posee un movimiento determinado, el cual puede ir variando en función de diversos matices intrínsecos a la composición, variaciones aleatorias a gusto personal o estilos artísticos a expresar. Aunque se parecen en la escritura, Tempo y Tiempo son dos palabras muy distintas. El Tempo es la velocidad de una melodía sonora en función de un patrón figurante, mientras que el Tiempo es la magnitud física que mide el devenir del universo en sí. De siempre, el Tempo musical ha estado íntimamente relacionado con el ámbito sanitario, pues incluso tras la invención del Metrónomo, éste se utilizó para el recuento de algunas constantes vitales del cuerpo humano, como la Frecuencia Cardíaca y la Respiratoria.

Volviendo al tema en cuestión, el Tempo indica el movimiento al cual ejecutar la música y su unidad de valor es el Pulso por Minuto (PPM) el cual se relacionaba con el ritmo cardíaco incluso a día de hoy. Sin embargo, la velocidad de la música no se mide en segundos o minutos como tal, sino que hay un intermediario que se presta como guía del Tempo o los Pulsos. Aquí entran las figuras musicales o símbolos de duración, los cuales se asocian a las notas para darles un atributo de prolongación temporal relativo. Bien conocemos algunas figuras, como la Negra, la Corchea, la Blanca… Entonces, ¿por qué el tempo se basa en el uso de las figuras? La respuesta es muy simple, puesto que el Tempo, de forma completa en su definición, es la cantidad de pulsos que se cuentan, en un minuto, a través de una guía estándar, la cual puede ser una de las figuras existentes.

Imaginemos una pieza musical que nos indica un tempo específico al inicio de la partitura, el cual establece que una negra es igual a 120 PPM. ¿Qué significa esto? Pues que tenemos que ejecutar 120 negras en un minuto. Un poco rápido, ¿verdad? Hagámoslo de otra manera más sencilla. Vemos que una melodía se ejecuta en un tempo que indica que una figura de una negra es equivalente a 60 PPM. Habría que golpear una mesa 60 veces en un minuto, es decir, una vez por segundo. Parece fácil de entender, pero la dificultad radica en que a mayor tempo, la velocidad es mayor, y más si se utilizan analogías dispares. Por mencionar una caso, Mozart utilizaba tempos de corcheas con puntillo a 120 PPM. ¡Una locura que sólo él entendía, aparte de la rapidez en la práctica!

En 1812, el mecánico alemán Johann Mäzel fabricó y patentó un invento que, sin entrar en disputas patrióticas, supuso una revolución en el control del tempo en la música, el Metrónomo. Mediante una señal de guía que suele ser acústica y el balanceo de un péndulo, se logra una ejecución precisa de una pieza musical a un tempo determinado. El Metrónomo posee una regleta donde se indican los distintos valores de velocidad en PPM y en la cual oscila el péndulo. A más tempo, más rápida será la vibración y viceversa. Todos los metrónomos existentes siguen el patrón descrito por Mäzel, el cual va desde 40 PPM hasta 208 PPM según un ajuste matemático especial:

40-60 PPM: El Tempo aumenta de 2 en 2.

60-72 PPM: El Tempo aumenta de 3 en 3.

72-120 PPM: El Tempo aumenta de 4 en 4.

120-144 PPM: El Tempo aumenta de 6 en 6.

144-208 PPM: El Tempo aumenta de 8 en 8.

Antes de la llegada del Metrónomo en plena finalización del Clasicismo, el tempo se entendía mediante expresiones italianas (costumbres del Renacimiento) las cuales daban una idea de cómo era una pieza musical respecto al movimiento, fuera rápido, lento… Poco después, cada término se acuñó a una franja de PPM determinada, la cual se sigue manteniendo en la actualidad. Aunque muchos de los vocablos no se utilizan debido a errores y confusiones musicales, hay otras que juegan un papel fundamental en el entendimiento de las líneas interpretativas. Por ejemplo algunas de las más conocidas son:

Largo

: 20-40 PPM     Lento: 40-60 PPM     Adagio: 60-76 PPM

Andante: 80-108 PPM     Allegro: 110-168 BPM     Presto: 168-200 PPM

A su vez, también se puede cambiar el tempo de una composición durante el transcurso de ésta, haciendo que el dinamismo otorgue varios puntos de vista, tanto a voluntad personal como en función de la idea o sentimientos a expresar. De vuelta al idioma italiano, podemos encontrar anotaciones de variaciones graduales como Accelerando, Ritardando, Sostenuto… ¡La riqueza del mundo musical teórico no cesa ni en los tiempos modernos!

Por último, y ligadas al tempo y el compás, las figuras musicales son símbolos que, asociados a un nota, acotan la duración de ésta según unas proporciones equivalentes entre ellas. Casi todo el mundo conoce, a través de una base musical mínima, las cinco figuras más utilizadas de una composición, siendo la Redonda, la Blanca, la Negra, la Corchea y la Semicorchea. Existen más figuras que cayeron en el olvido y el desuso conforme pasó el tiempo, como la Fusa, la Semifusa y la Garrapatea. La dificultad en la escritura de las mismas es la principal causa de su desaparición, pero dependiendo de cada artista, se pueden utilizar si así se desea (¡como servidor!) Y no nos olvidamos de la Cuadrada, la Longa y la Máxima (ver éstas es casi imposible desde hace más de doscientos años).

El símbolo de una figura musical se compone de varias partes, pero con excepciones según el diseño de cada una. De larga duración, la Longa y la Máxima se dibujan como rectángulos huecos mientras que la Cuadrada y la Redonda, como sus nombres indican, siguen las doctrinas geométricas sin relleno alguno. La Negra y la Blanca se componen de una plica erguida y una cabeza, la cual está hueca en la banca y rellena en la Negra. A partir de aquí, se añade otra parte más, el corchete o línea cóncava, la cual indica, mediante su número, el tipo de figura corta presente. De esta forma tenemos la Corchea (1 corchete) la Semicorchea (2 corchetes) la Fusa (3 corchetes) la Semifusa (4 corchetes) la Garrapatea (5 corchetes) y la Semigarrapatea (6 corchetes).

Aunque parezca bastante engorroso tener que saberse las equivalencias entre cada figura, es tan simple como establecer una jerarquía de valor de duración. En la estandarización de un lenguaje musical accesible y universal, se estableció que la Redonda sería la figura de duración en la copa del podio, la cual marcaría un pulso entero en un compás de 4/4. A partir de aquí, sólo queda utilizar múltiplos de dos, en escala descendente. Por un ejemplo, una redonda equivaldría a dos blancas, las cuales resultarían en cuatro negras, y éstas pasarían a formar ocho corcheas, y así sucesivamente. En el sentido contrario, pasaríamos de multiplicar a dividir. Sesenta y cuatro semifusas equivaldrían a treinta y dos fusas, que a su vez se englobarían en dieciséis semicorcheas, luego en ocho corcheas y hacia cuatro negras. Todo esto, por supuesto, sin contar las adornaciones y símbolos de variación, como los tresillos, puntillos, ligados… Un mundo tan pequeño y grande a la vez que enriquece, si cabe aún más, el arte de la teoría musical para lograr la belleza melódica y armónica, sea en el jazz, blues, rock, heavy metal u ópera.

Texto y Artículo por Redacción MetalTrip

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