En el anterior artículo, se mencionó el hecho de que un sonido, representado en el pentagrama sin ningún patrón de altura, podría corresponder a cualquier nota, fuera Sol, Mi o Do. Para evitar esta confusión y establecer rangos de altura musical que dieran sentido a las notas y su posterior práctica, se crearon unos símbolos o gráficos que, puestos al principio del pentagrama, guiasen el rango interpretativo. De esta manera, nacieron las Claves, que han ido variando en la historia del arte musical. Es muy importante recordar que una melodía, la que sea, sin una Clave, puede tocarse infinitas maneras, ya que no hay ningún patrón o guía de altura predeterminado.
A través de las décadas y los siglos, el número de claves ha disminuido drásticamente debido a numerosos factores, siendo el más significativo la redundancia de alturas aunque se trate de claves diferentes (Do en 5ª y Fa en 3ª) De diez existentes y utilizadas según la tesitura de los instrumentos, en la actualidad sólo tres permanecen en la práctica habitual, aunque una de ellas está condenada a desaparecer si se le sigue obviando en favor de las otras dos. Como todos sabemos, las Claves más utilizadas son la de Sol, Fa y Do en diferentes posiciones del pentagrama, teniendo así:
Clave de Sol: Primera y Segunda Línea
Clave de Fa: Tercera, Cuarta y Quinta Línea
Clave de Do: Primera, Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta Línea
Cada Clave nos da una patrón de altura diferente, el cual medía la altura y matiz vocal de los artistas de una orquesta. Por ejemplo, la Clave de Sol se asociaba a los sonidos agudos, como la textura Soprano, la Clave de Fa se asociaba a un rango sonoro grave, como la textura de Bajo y Barítono, mientras que la Clave de Sol se asociaba a los sonidos neutros o de rango estándar, como la textura de Tenor y Alto. Todo ello también tiene su extrapolación a los instrumentos cotidianos y su registro musical, pues el Contrabajo o la Tuba utilizan la clave de Fa, la Guitarra y la Flauta, la clave de Sol y la Viola y el Oboe, la Clave de Do.
Una de las preguntas más enigmáticas respecto a las claves es si existen alturas correspondientes a otras notas, como Claves de Mi, La, Si o Re. No, no las hay por la simple diferencia de la utilización del exhaustivo sistema de intervalos perfectos. Desde los tiempos inmortales de la música y su análisis, ha habido cuatro intervalos considerados inmaculados debido a la inequívoca consistencia y consonancia de la calidad auditiva, siendo el intervalo de primera o unísono, el intervalo de cuarta, el intervalo de quinta y el intervalo de octava. Si comenzamos desde Do, la cual se estableció como nota raíz del conjunto musical, su intervalo de cuarta o perfección menor es la nota Fa, mientras que el intervalo de quinta o perfección mayor es Sol. ¡Por supuesto, el unísono y la octava son Do! Puede que fuera una mera coincidencia, pero el sistema se adecuó, muy bien, al estudio de la teoría musical, así que se dejó para la posteridad.
Por último, decir que, de todas las Claves existentes, sólo la Clave de Sol en segunda línea y la Clave de Fa en cuarta línea son las más utilizadas para la interpretación musical, ya que ambas completan el registro o elenco natural de los sonidos usuales o cotidianos de la práctica artística. La Clave de Do en tercera línea se utiliza, aparte de los instrumentos mencionados, como nexo de unión entre las anteriores claves. Si utilizásemos líneas imaginarias o adicionales en dos pentagramas separados de Clave de Sol y Fa (Piano, Arpa…) podríamos dibujar otro pentagrama que se correspondería a la altura musical de la Clave de Do, como si fuera una intermediaria entre sonidos agudos y graves; es decir, se establecería un rango neutral sonoro.

Texto y Artículo por Redacción MetalTrip

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