La estructuración de la música escrita es fundamental para construir una línea de apreciación que no caiga en una génesis de aberraciones melódicas y/o armónicas. Hay que tener en cuenta que un Pentagrama no se vale (por sí solo) en la ordenanza de los elementos que se puede colocar en su interior. Por ejemplo, la duración de las figuras no se podría entender del todo si no se tienen en cuenta unas divisiones específicas del Pentagrama. Aquí es donde entran los Compases y los Quebrados, los cuales organizan (a la vez) la línea temporal en función de unas directrices que deben ser respetadas siempre que no se cambien a voluntad.
En primer lugar, un compás se define como la unidad básica de la métrica musical, lo cual significa una medición del tiempo organizada en grupos idénticos de ritmo. Cada compás se rige de una indicación numérica que se escribe justó después de la indicación de la Clave y las Armaduras (si las hubiera en el uso de una tonalidad distinta a Do Mayor o La Menor). El Quebrado se expresa como una fracción, donde el numerador indica los pulsos que contiene el compás, mientras que el denominador indica la duración de cada pulso (según la nomenclatura estándar). De aquí, se pueden establecer distintos tipos de compás, los cuales se comprenden como Binarios (Dos Tiempos) Ternarios (Tres Tiempos) Cuaternarios (Cuatro Tiempos) y otras manifestaciones métricas, como los Quebrados de Amalgama y los Compuestos.
Binarios
: 2/4, 2/2 (Semicompasillo)
Ternarios: 3/4
Cuaternarios: 4/4 (Compasillo)
Amalgama: 5/4, 7/4, 5/8, 10/8…
Compuestos: 6/8, 9/8, 12/8…
Es muy importante saber que una parte de los Quebrados se rige por una subdivisión específica en función de las figuras musicales conocidas. El denominador, como se ha mencionado previamente, revela la duración de cada pulso que se contiene en el compás. De ahí, se estableció una pauta estandarizada donde a cada figura se le asigna un número. El patrón habitual quedó en otorgar el número cuatro a la Negra, dejando la organización actual del siguiente modo:
1 = Redonda 2 = Blanca 4 = Negra 8 = Corchea 16 = Semicorchea
32 = Fusa 64 = Semifusa 128 = Garrapatea 256 = Semigarrapatea
Según este método de clasificación, se pueden encontrar y construir compases en un amplio abanico de posibilidades; se citarían 9/16 (9 Semicorcheas en un Compás) o 2/8 (8 Corcheas en un Compás). A lo largo de los siglos, se han ido utilizando unos compases y quebrados más que otros, los cuales han determinado algunos de los bailes más populares de la cultura humana. Por ejemplo, un Vals es una danza que se estructura en compases ternarios (3/4, 6/8…) mientras que las Polkas suele ser de carácter binario (2/2, 4/2…)
Aparte de los compases habituales o simples, también existen los compuestos, los cuales hay de dos tipos, naturales (multiplicación) y en amalgama (suma). Los primeros son muy fáciles de obtener, pues resultan de un producto por una numeración y/o fracción determinada. De ahí, la subdivisión por reducción daría lugar a los compases simples, ya sean binarios, ternarios o cuaternarios. Por el contrario, los compases de tipo amalgama se establecen como la suma de algunos quebrados habituales pero sin alterar el denominador (el tipo de figura que rige los pulsos del compás) que es común e inalterable. Algunos de los ejemplos más habituales de amalgama serían 5/4 (2/4 + 3/4) y 7/4 (3/4 + 4/4) y son muy utilizados cuando se trata de crear una sensación rítmica artificial que no rompa la línea de base. El tema “Blackened” de Metallica está escrito en Compases de Amalgama, al igual que la gran mayoría de las composiciones de la música progresiva del metal/rock (Dream Theater, Pink Floyd…)

Antes de la finalización sobre los Compases y los Quebrados, hay que mencionar un par de aspectos fundamentales que también entran dentro de los mismos. Un compás musical, aparte de ser una estructuración rítmica, posee ciertas connotaciones de intensidad según el estilo que se indique. En otras palabras, un compás posee una dinámica temporal que se va alternando según la señal del quebrado. Por normal general, el primer tiempo de un compás es fuerte mientras que el resto es débil. Aunque todo esto se mostrará más adelante en el artículo de la Acentuación, es imprescindible conocer la estandarización estructural que correspondería a los compases simples, que sería:
Compás Binario
: Tiempo Fuerte – Tiempo Débil
Compás Ternario: Tiempo Fuerte – Tiempo Débil – Tiempo Débil
Compás Cuaternario: Tiempo Fuerte – Tiempo Débil – Tiempo Semifuerte – Tiempo Débil
Por último, los compases deben ser limitados en el registro escrito, el pentagrama, o eso conllevaría a una eternidad en la continuidad compositiva. Conocidas como líneas divisorias, estas barras verticales delimitan un compás y le otorgan un campo de actuación finito. Existen tres tipos, las cuales tienen una competencia diferente según el contexto en que se requiera su presencia. La barra simple da comienzo a un pentagrama y separa los compases siempre que no haya un cambio importante en la métrica o línea compositiva. La doble barra tiene una doble función, pues bien es conocida su importancia en la terminación de un pentagrama. Sin embargo, dentro de una composición indicaría un cambio trascendental a tener en cuenta, ya sea una variación en la tonalidad, una clave nueva, un estilo o el tempo. La tercera barra divisoria es la de repetición, la cual indicia la redundancia de una sección rítmica, y se indica con una doble barra que posee dos puntos verticales delante de la propia señalización. Si no se expresa por escrito o a voluntad gráfica, se entiende que la barra de repetición obliga a redundar una sección dos veces si hay un compás encerrado en medio, pero no más.
Texto y Artículo por Redacción MetalTrip




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