Todavía se comenta que una presencia surgió entre las arboledas de Finlandia como un susurro que adquirió trascendencia en pleno otoño, allí donde la naturaleza vivía otro fin de ciclo en armonía. Suaves cánticos impregnaban el viento de los alrededores mientras un oscuro halo cogía forma hacia una silueta femenina. Nadie sabía de dónde venía ni cuál era su propósito, pero la llegada de Vermilia al panorama musical lapón supuso un nueva visión de la cultura nórdica que se influencia en unos pilares pagánicos repletos de sabiduría a descubrir. Envuelta de una misteriosa apariencia rúnica en la cual se esconde una belleza singular, Vermilia continúa su andadura por el arte del metal/rock extremo con «Karsikko», un tercer álbum que está destinado a seguir engrandeciendo la leyenda finesa sin perder su enigmático toque personal.
Siendo alguien que se encarga de crear y producir su música en solitario como hazaña de pureza y voluntad, la pista análoga se desvela en un aguerrida apuesta que no tarda en hacer que el espíritu salvaje escape del cuerpo. A través de un ambiente distorsionado que se balacea por cánticos suaves y coros excelsos, un sentimiento de negrura gutural espera su momento de recrudecer el ritual musical. Cuando la voz se desliza por las líricas, el bajo apoya la base tradicional de la percusión y adorna el énfasis tonal. Quizás sea música ligera, incluso eclesiástica según los gustos, pero el álbum acaba de comenzar. Los sietes minutos de «Valkat» recogen un escueto testigo acústico que combina, en perfecta sincronización, con la pureza del océano, a la cual se le imbuyen un aspecto gutural de contraste armónico. Teniendo mucha mayor presencia de la batería como trasfondo de intensidad constante, la artista desliga cualquier concepción inmaculada de la naturaleza, enseñando unos ritmos enfermizos que enganchan en la expresión interpretativa. Sin piedad alguna y en una similitud melódica previa, «Kivutar» se viste de una calidad más blacker y sinfónica, recordando a bandas como Cradle of Filth o Deathless Legacy. La asiduidad percusionista se ha adueñado del protagonismo absoluto, aunque las voces corales se interponen en ciertos momentos álgidos de claridad. Algo tapada y sin apenas mostrar solos, la guitarra enmudece ante el resto de los instrumentos; ¡no pierde su relevancia en la armonía grupal! Por ejemplo, en el break medial donde los riffs adoptan una textura galopante de intercalación muy interesante.
Vermilia le ha cogido el gusto a romper los esquemas naturales de sus anteriores trabajos, de modo que «Suruhymni» se convierte en otro himno pagánico de voces desdobladas y una abundancia de pesade y crudeza sonora. Los galopes se hacen más notorios, hay más uso de tonos guturales y, ante todo pronóstico, se incrementa la ganancia de la distorsión clásica, pervirtiendo las emociones en una espiral de dolor y agonía surrealista. Muchas ideas surgirían entre la niebla, pero ninguna podría igualarse a «Koti». Más breve de la costumbre que posee la artista finesa en la longitud temporal, una orquestación de tesitura enigmática introduce un esperanzador cántico donde la razón se pierde por las raíces de un mundo rodeado de tinieblas y maldad. No cabe duda al decir que este tema serviría de interludio en un directo para que la gente cavile sobre el sentido de la vida y no se disperse mentalmente. El momento de la guitarra tenía que llegar, pues el clamor ya era muy evidente. Por eso, «Veresi» centra el interés en los ritmos que forman la nube creativa del cordófono. El nítido sonido pelea contra la ambientación mientras Vermilia observa por detrás, añadiendo alicientes de brutalidad fogosa en la pira nocturna. El ritual temático del disco está en la cumbre, lo que significa una explosión musical de calibre inigualable. A pesar de la poca variedad melódica, la genial distribución estructural es la muestra definitiva de la preferencia personal por esta canción de fuerza distintiva. Es muy fácil seguir los coros y se puede imaginar al público aplaudiendo al unísono lanzado a los cuatro vientos; ¡debe tocarse en directo sí o sí!

En la lúgubre oscuridad escandinava, la notable influencia blacker controla la base baterista de «Talven Jälkeen», pero la intérprete se encarga de que no supere el límite establecido entre la bestialidad sonora y la concisa gracilidad que ella quiere enseñar al mundo del metal/rock. Incluso con progresiones de acordes menores y escalas poco habituales, un atisbo de fe rodea el tema para que el oyente sienta el mismo cúmulo de emocional de Vermilia. Los heavies riffs se suceden en una ganancia nivelada en contrapunto de los graves, quienes no se separan de la batería. Por último, con motivo de celebrar la comunión del pasado y el presente, una pequeña visión del futuro aparece con «Kansojen Kaipuu». Subiendo el enigma creativo a la vez que la distensión melódica, los ritmos caen una ruptura inesperada que anteceden a los versos de diversa índole tonal. No es un misa como tal, aunque gran parte del tema se podría considerar así. Los coros se hacen más patentes en la labor de apoyo vocal, siendo seguidos (muy de cerca) por la guitarra que intenta emularlos. Desde la introspección del break que radicaliza la composición en un unísono en off, se retoma la coda hacia un sosegado cierre. Una decena de fechas ibéricas consiguieron hechizar a quienes dieron su atención a Vermilia, y en un disfrute sin igual, «Karsikko» logra repetir la hazaña desde una perspectiva mucho más íntima. ¿Habría una vuelta a España de Vermilia? No mientras la sociedad sea incapaz de comprender su magnificencia.
TrackList
- Karsikko
- Vakat
- Kivutar
- Suruhymni
- Koti
- Veresi
- Talven Jälkeen
- Kansojen Kaipuu
Nota Final = 9,2/10
Reseña realizada por Redacción MetalTrip

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