Por fin llegó la esperada presentación de Vhäldemar en Madrid. A pesar de que había más conciertos esta noche, los de Barakaldo me tenían más ganado en el calendario. Pero al parecer no muchos tenían mi entusiasmo, y como en su día dijo Saratoga en su Por la puerta de atrás, “la lluvia, el fútbol, qué sé yo, y a la hora del concierto, no había ni dios”. Cierto es que llovía, pero ¿y qué? De nuevo quedaba patente que no hay escena, por mucho que digan unos y otros, muchos parches, mucho tal y mucho cual, pero poco más de cien personas se juntaron aquí, y por ejemplo para Anvil, que era también esta noche, tres cuartos de lo mismo. Mucho pasteleo es lo que hay. En fin, los que nos juntamos, pudimos disfrutar de una gran noche de Heavy Metal claro, puro y duro.
Buen puesto de merchan con variados artículos y a precios razonables de ambas bandas, incluyendo la reedición de los dos primeros trabajos de Vhäldemar, algo que se llevaba tiempo pidiendo al grupo, pues era imposible encontrar dichos discos.
A las ocho y media en punto se apagaban las luces y salieron al escenario los jovencísimos y a la vez desconocidos Lyzzärd, quinteto portugués a los que se podría incluir en esta nueva “ola” de grupos que tratan de reverdecer la época gloriosa del heavy metal en los ochenta.
Con un único disco bajo sus brazos, Savage, editado el año pasado, con cuya imagen se adornaba el escenario, salieron ante unas treinta personas con algo de nerviosismo, sobre todo reflejado en su cantante Tim, mas no así en su bajista, Margarida Veiga, que diría yo, tiene el peso más específico en el grupo, y ojo que no me estoy sumando a esta “moda” de la mujer y blá, blá, blá… el que vale vale, y el que no… pues eso…
Empezaron con el primer tema que abre su disco, Nightwatcher, y el público no fue muy receptivo con ellos, pero poco a poco fueron ganándose al público y este a su vez se iba animando. Una tras otra, iban desgranando los temas de su disco, pues lo tocaron entero y en el mismo orden, algo que es cuando menos curioso.
De sus primeros minutos, destacó Yakuza, que si no entendí mal, es su primer single. Antes de Fire, en la que el sonido del bajo sufrió un aumento de volumen considerable, su cantante dio las gracias a Vhäldemar y a la organización, y el tío lo cierto es que parecía un flan cuando se dirigía al público, o al menos esa es la impresión que daba. A todo esto, decir también que su inglés no era precisamente la bomba, y mezclándolo con portugués y español, pues no quedaba clara la cosa.
Pero los que sacaban las castañas del fuego, eran tanto la bajista Margarida, como el guitarrista Ricardo Azevedo, que con su actitud y entrega, suplían las carencias del resto. Decir que el sonido era un poco bajo, no así el del bajo, que predominaba por encima del resto.
La mejor parte de su show, quedó para el final, con una gran Queen of vengeance, donde Azevedo se recreó con su guitarra, una poderosa Survivor, quizá el tema que más enjundia tuvo, y Metalzone. Para finalizar, se marcaron Maniac, también en su disco, que en su día se incluyó en la banda sonora de Flashdance. Cuando menos curiosa la versión, siendo este el tema más coreado, aunque también pocos habían escuchado a la banda.
No son ninguna maravilla, no inventan nada y su música no es nada especial. Aún están empezando y les queda mucho por recorrer, pero si mejoran el inglés, y todos se contagian de la actitud de Azevedo y Veiga, podemos estar ante una banda interesante. Al menos dejaron un buen sabor de boca.
Setlist Lyzzärd:
- Nightwatcher
- Heavier than life
- Savage
- Yakuza
- Fire
- Living in the dawn
- Queen of vengeance
- Survivor
- Metalzone
- Maniac (Michale Sembello Cover)
Veinte – veinticinco minutos duró el intercambio para la salida de Vhäldemar y la sala presentaba un aspecto algo mejor, pero bueno, muy vacía en general, poco más de cien como apunté más arriba. Previa presentación por parte de Rafa Basa, y la portada del disco en la pantalla, empezó a sonar la intro de rigor, apareciendo poco a poco los componentes de la remozada banda del País Vasco, concretamente de Barakaldo, en la que permanecen los incombustibles Pedro J. Monge a la guitarra, y cómo no, Carlos Escudero a las voces, habiendo reclutado para este nuevo periplo a Jandro a la batería, Jon Koldo a las teclas y Raúl Serrano al bajo, reemplazos que visto lo visto, no reducen la calidad en el escenario del grupo, pues cuanto menos lo mantienen sino lo superan, que es lo que yo pienso.
Venían presentando su estupendo quinto disco, Against all kings, editado el año pasado, y a fe que lo hicieron, pues sonaron hasta siete temas del mismo. Ya con todos colocados, tan solo faltaba el ciclón que es Carlos Escudero, animal de escenario por excelencia y que una vez más, lo volvió a demostrar. Es verdad que nos tiene ganados, pero el tío se lo curra, y tan contentos que vamos en su bolsillo.
Abrieron con la poderosa Metalizer, y ya desde el primer instante el público estuvo con ellos coreando todas y cada una de las letras, con un Escudero, ataviado con sus gafas de sol y tomando como arma su customizado micrófono, que hacía las delicias de todo el mundo. Sin pausa, siguieron con 1366 (Old King’s Visions Part V), y las revoluciones aumentaban, con Escudero machacando sin cesar el escenario con su micro. Temblaba todo a la vez que el sonido inicial, algo descompensado, iba arreglándose, cosa que por suerte no tardó en pasar.
Mini parón para presentar tema que da título al disco y de nuevo al ataque con un Pedro sobresaliente y que acompañaba en los coros junto con el bajista. Tras este, primer “A muerte” de la noche, el consabido grito de guerra de la banda. Pequeño enlace con el teclado con Vulcano para llegar a Howling at the moon, manteniéndose Carlos bastante contenido verbalmente para lo que es él. Estaba claro que los temas de su nuevo disco eran prioritarios a otras cuestiones. Ya habría tiempo de desatarse. Cerraron el aporte de temas nuevos con Walking in the rain, alabando por parte de Carlos la entrega de la gente como si hubiera mil personas.
A partir de entonces empezaron a sonar sus conocidos clásicos, como diría Escudero, “vamos con una de las nuestras… de esas viejas”. Empezaba a soltarse. The old man hizo que la sala se cayera literalmente, enlazándola con otra de las buenas, Black thunder.
Se inició la perorata de arrasar a todos a los que hay que arrasar (hay tantos…), y eso significaba que llegaba el turno de Bastards, tema en el que aprovechó para, a mitad del mismo, presentar a su banda, entreteniéndose un poco con cada miembro, cosa que a mi le quitó poderío al tema, pero bueno, por poner un pero. Lo que si quedaba de manifiesto, es la cohesión de la banda, los cinco están más que compenetrados, y eso se refleja en un resultado sobresaliente sobre las tablas.
En Dusty road Escudero se dedicó a grabar tanto a su banda como al público durante la interpretación del mismo. La poderosa River of blood, con su estribillo “heavy metal every day” es más que una declaración de intenciones.
No dejaron de lado sus primeros trabajos y así, Pedro J. Monge presentó Breaking all the rules, donde el vocalista del grupo bajó y cantó entre el público. Aquello era una juerga. El final de este tema, sirvió para que Pedro mantuviera distintos duelos musicales, primero con Jon Koldo y su teclado, y luego con Raúl y su bajo, de manera que enlazaron con Metal of the world.
Anunciaron que se iban, el público, evidentemente, no quería y Escudero nos dijo que “qué esperabais por diez euros”, pero no, ¿cómo se iba a ir ya?. Se despidieron con una “de las mejores canciones del mundo”, Lost world de su primer disco, quizá la más Manowar de su discografía. Se fueron del escenario y ahora ya si, volvieron con el último de sus temas, la grandiosa Energy, durante la cual Carlos, Pedro y Raúl tocaron entre el público, aquello se terminó por convertir en una algarabía, fiesta por todo lo alto.
Cuando nos quisimos dar cuenta, los noventa minutos se habían acabado, y estando a primeros de marzo, ya puedo decir que he visto uno de los mejores conciertos de este año, con un gran sonido, una voz, la de Escudero, más que cuidada, un Pedro Monge virtuoso entre los virtuosos, y una banda más que compenetrada que está hecha para reventar escenarios. Una pena que hubiéramos sido tan pocos, pero los que estuvimos, qué contentos nos fuimos. Grandiosos Vhäldemar. ¿Para cuándo la siguiente?
Setlist Vhäldemar:
- Intro
- Metalizer
- 1366 (Old King’s Visions Part V)
- Against All Kings
- I will stand forever
- Vulcano
- Howling at the moon
- Walking in the rain
- The old man
- Black thunder
- Bastards
- Dusty road
- River of blood
- Breaking all the rules
- Metal of the world
- Lost world
Bises:
- Energy
- Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa













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