Los jóvenes thrashers de Ventura han crecido, y aunque se les nota mucho más adultos y duchos en la vida moderna, el mundo que les rodea no cambia a mejor; ¡más bien lo contrario! Ése es el secreto que hace a Warbringer seguir siendo líderes del thrash metal californiano, porque la inocencia del varonil grupo contrasta, en una comunión perfecta, con los desastres e injusticias que van cogiendo envergadura en mundo muy polarizado y al borde de repetir las devastadores guerras mundiales del pasado. Si a esos hechos se le suma una influencia ficcional, un nuevo álbum conceptual va a reventar las listas de ventas mediante un claro mensaje de esperanza en el futuro que nos espera. Por ello, «Wrath and Ruin» arremete, al igual que los trabajos previos
Una tema de apertura con seis minutos podría parecer una locura en una banda thrasher, pero si se le da el toque de ambientación adecuado, se puede convertir en un huracán de masas. «The Sword and the Cross», cual lucha musical en un mundo al borde del desastre, no tarda en enseñar los pilares que sustentan el éxito de Warbringer. Ritmos de galopes afilados, acordes de poder salteados, un bajo sobresaliente, armonías intrépidas que dan la bienvenida al inefable tono desarraigado de John… Y la batería de Carlos, ¡por supuesto! Los crudos y quebrados ritmos de las líricas ayudan a entender la agresiva furia que se transmite en favor del declive social. ¿Y esos breves solos tan intensos? Los entrantes de unas geniales rupturas estructurales de corcheas a tempos medios y la creatividad que se le acompaña con un sentido oscuro y casi enigmático… ¡Qué arte solista, de verdad! De regreso a las codas, la thrashería varía hacia una vertiente mucho más directa con «A Better World». Enfundada en una inspiración clásica de los comienzos de la banda, John adecúa los versos a la rabia de la progresión melódica a la ve que los riffs se acortan con compases fáciles de seguir pero de una técnica impecable. El dominio de las notas, en una singularidad teórica, sigue siendo la clave de la admiración por Adam y Chase, un dúo guitarrista que no pierde la integridad incluso después del paso de los años y la madurez interpretativa. Si se trata de combinar la imaginación oscura con unas melodías insanas de continuas rupturas, «Neuromancer» es la prueba de que Warbringer adora sus graves a un nivel excelso. Con un tempo medio y uso de muteados, las líneas rítmicas van al son de Bryant, artífice de un bajo protagonista. Carlos tampoco se queda atrás en el sostén estructural, repicando su batería en el éxtasis lírico, incluso en el incremento radical de los puentes.
En una regresión de influencia a los primeros álbumes de la banda, «The Jackhammer» se conforma como una apisonadora de masas que aviva los moshpits en directo. Breve e intensa, no se puede escapar de la increíble lección thrasher que se desgrana por el estribillo y ese break medial que se establece como un puente grave de armonía simple y muy afilada. El particular estilo compositivo no se pierde con el paso de los años, ¡y siempre se necesita dar una imagen original sin mudar de aires! La acústica de «Through a Glass, Darkly» podría evocar a un espíritu gótico, aunque la crudeza y pesadez de los ritmos evitan tal etiqueta. La multitud de arte solista y el uso de zonas melódicas en los dilatados puentes se une a unos coros en off infernales, haciendo que John se convierta en un director de demonios agresivos a la espera de recolectar almas en pena. Quizás se trate del tema más heavy del álbum, pero el thrash metal no tiene por qué ser una carrera por la supervivencia. Por suerte para los fans más empedernidos, «Strike for the Sky» revuelve las entrañas de la mente con una velocísima demostración de thrashería. Aquí no valen las tonterías ni vacilaciones, sino entrar en un moshpit y dejarse llevar por la locura musical en mitad de un huracán social. Venga del cielo o no, Warbringer no defrauda en la rudeza ni siquiera en el break, donde las corcheas van saltando por los acordes del estribillo. Por mucha coda de inicio, es imposible olvidar la enérgica descarga que quiebra el suelo y la razón.

A falta de aire y bebiendo de una elegía atmosférica gobernada por la progresiva entrada de Carlos y su kit percusionista, «Cage of Air» embiste el suspense temático mediante una salvaje salteo de acordes y agresivos punteos. Escuchar la perfecta sincronización de John con el resto de la instrumentación evidencia el alto grado de determinación en hacer que el metal/rock extremo se doblegue a la voluntad de un quinteto encaminado a encabezar las listas de ventas. La dualidad guitarrista en la ejecución solista es una obra de arte, sin quitar mérito al apoyo trasero del bajo; ¡al pie del cañón! ¿Qué es break acústico de relativa calma? Justo lo que se necesita para que la respuesta a la pregunta caiga cual golpe de realidad. Quizás también sea una preparación al cierre del álbum con «The Last of my Kind». Cualquier elemento visto y analizado coge una vigorosidad en función de enaltecer las líricas y coquetear con el melodic death metal en las técnicas expresadas. Por supuesto, lo mejor del tema es la presencia de octavas sincopadas que provocan un aluvión de hostias a favor de un toque grácil de suavidad con ese break melódico que va combinando las octavas de forma progresiva hasta un cénit solista que funciona cual engranaje personal de cada integrante. Para servidor, incluso el abrupto final ambiental es adecuado para que la hostilidad continúe vigente en el maremoto musical auspiciado. El quinteto californiano no cesa en el objetivo de lanzar su infinita artillería y arsenal disponible contra un mundo que busca su propia destrucción, ¡y sólo Warbringer puede salvar el inminente caos con una previa purga! ¿Qué sentido tiene correr si el thrash metal va más allá de los clichés preconcebidos de una sociedad ignorante?
TrackList
- The Sword and the Cross
- A Better World
- Neuromancer
- The Jackhammer
- Through a Glass, Darkly
- Strike From the Sky
- Cage of Air
- The Last of my Kind
Nota Final = 10/10
Reseña realizada por Redacción MetalTrip




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