Habiendo cruzado las diez ediciones y con un extenso palmarés de éxitos que se superan a cada año, el Z! Live quedó consagrado como el “Templo del Metal/Rock” de los festivales extremos nacionales. Después de adversidades ambientales, lucha por la supervivencia en mitad la situación económica actual y ofreciendo una variedad creciente de actividades, aparte de la música, han moldeado a un macroevento digno de la historia festivalera española. Mediante un explosivo cartel que ha ido solventando problemas de diversa índole, como la inesperada caída de la banda suprema, Twisted Sister o cambios de casi última hora, el recinto del IFEZA volvió a convertirse en el principal atractivo de interés, con el Z! Live, para la mítica ciudad de Zamora, símbolo de resistencia al Canovismo tradicional, puerta vecinal al Reino de Portugal y urbe surcada por el imponente Río Duero.
El Z! Live tiene claro que su trascendencia en España ha superado las barreras de la excelencia, así que no hay más camino que seguir hacia el estrellato de la fama veraniega en Europa con la cabeza bien alta. Con casi una treintena de apuestas musicales con estilos muy variopintos, la mejoría del festival no deja de crecer, aunque este año ha habido ciertas cuestiones que se podrían mejorar de cara al futuro. En especial, el reparto de la zona de compraventa y/o mercado social, que quedó en un segundo plano y afectó a la extensa oferta de abundantes e interesantes artículos de todo el bazar disponible. Tratar de obviar estos aspectos es un acto de indiferencia que no puede dejarse de lado, aunque respecto a los shows, la calidad escénica sigue coronando la organización intrínseca del Z! Live, que continúa haciendo historia en el arte más creativo y compositivo musical extremo.
El calor castellano es legendario a las puertas del verano, y a pesar de los intentos de suavizar las temperaturas por parte de la flora zamorana, la gente consiguió que el intenso Sol no arruinase los conciertos a primera hora de la tarde. En dirección al Z! Live y con algunos leves percances relacionados con caídas involuntarias, empachos de croquetas y el cansancio laboral acumulado, la oportunidad de volver a cubrir el Z! Live y ofrecer una visión lo más general posible es un motivo prioritario para Metaltrip. Dispuestos a no perder el principio ni el fin de cada actuación, el doblete de reporteros regresa a Zamora con un único objetivo en mente. Para todos, esto es el Z! Live 2026 y, en Metaltrip, ¡Wes y Geles os lo cuentan en escritura y fotografía con todo lujo de detalles y más!
Xeria
De vuelta a los conciertos en el Ifeza de Zamora en la jornada intermedia, nos encontramos con un viernes donde otra vez el calor iba a ser un protagonista secundario del Festival ZLive. Calor en el ambiente, y también en lo musical, pues sobre el escenario ya nos encontraríamos a la banda vallisoletana Xeria que, con dos discos en haber, y uno en camino, tras fichar por Art Gates Records, llegaron para desplegar todo su talento y a demostrar que con ilusión se puede alcanzar cualquier meta. Con un setlist un poco justo para lo que suelen tocar en otras ocasiones que los hemos visto, el mismo fue más que suficiente para demostrar que la banda ha llegado para hacerse un hueco en el metal melódico español, donde hacen gala de tener unos músicos, que a la vez que disfrutan en directo, son buenos profesionales.
Al frente se sitúa la voz de Marina que, sin perder la sonrisa en ningún momento, supo enganchar al público desde el primer acorde. El show fue una oportunidad perfecta para mostrar el nuevo material hasta la fecha, demostrando que temas como “Arena entre los dedos» ya forman parte del cancionero festivalero de la gente. Un concierto que también fue una fiesta y, como en toda celebración, también contó con invitados que no quisieron faltar a la cita con la música; es el caso de Gorka Sanz, reciente guitarrista de la banda segoviana Lujuria, que aportó su talento a las seis cuerdas, protagonizando junto a los músicos de Xeria divertidos momentos sobre las tablas. El tiempo de Xeria en el festival fue la mejor carta de presentación de la banda de cara a futuras fechas, y algo me dice que no tardaremos en volver a verlos.
Kardinal X
Apostar por nuevos proyectos musicales es un deber de cualquier festival, pues el Z! Live sorprendió con la acertada decisión de traer a una joven banda británica como es Kardinal X. Cual cesión e intercambio de bandas entre eventos extremos, el show del cuarteto sajón supuso un soplo de aire fresco que ofreció un estilo heavy/rock bastante interesante. Con su nuevo álbum “Redemption” bajo el brazo y de reciente salida, Kardinal X demostró que el poder musical sigue muy vivo por tierras británicas. No sólo hay que mirar a los grandes nombres que ostentan el estrellato mediático, sino también a las canteras que vienen pisando muy fuerte para mantener la llama viva en el futuro. Bajo esa premisa, el cuarteto desplegó un intenso concierto que, algo corto en percepción temporal, consiguió combatir el calor de los alrededores y animar al público a seguir presente en el recinto exterior del IFEZA. Además, hay que reconocer el empeño flagrante y emotivo que los artistas grupales desarrollaron en todo momento, haciendo que debutar en España fuese mucho más que una simple ocasión social. En opiniones generales recabadas, pocos reproches hubo hacia la actuación de Kardinal X salvo algunos que otros arreglos técnicos a mejorar y dar algo más de dinámica al guitarrista Shaun, quien parecía muy centrado en ejecutar una perfecta labor cordófona. Por lo demás, la velada del segundo día no había hecho más que comenzar y los entrantes dieron la talla al comienzo de la tarde.
Burning Witches
Si hay que reconocer un espectáculo que puso al Z! Live patas arriba de principio a fin, ése fue, en completa ecuanimidad, el que se vivió con el combo femenino de Burning Witches. Asiduas de España siempre que pueden y con una reciente gira invernal que discurrió por las capitales nacionales, el quinteto helvético no deja de incrementar su popularidad a cada álbum que sacan a la luz. “Inquisition” es el álbum más agresivo del palmarés discográfico de la banda, siendo esa la principal impresión del show experimentado en el festival. Las chicas salieron ante el extasiado público con ganas de explotar los ánimos que bien caracteriza su estilo metal/rock clásico. Haciendo un repaso variado, en el setlist, de temas icónicos y dando salida al nuevo disco, cada artista fue un torbellino musical imposible de borrar del recuerdo. El público estuvo muy entregado a la causa de la ocasión, ejecutando coros al unísono, guiando las líricas junto a Laura o realizando los primeros moshpits del día en canciones como “Dance With the Devil” o “Hexenhammer”. Ellas saben triunfar sin ayuda externa ni decoros pomposos; ¡sólo buen heavy original junto a esa actitud cercana de hostilidad mutua! Porque todavía quedaban muchas bandas por actuar en el Z! Live, pero Burning Witches se ganó el título de revelación musical durante mucho tiempo en el transcurso del día.
No hablar del ambiente que se gozó con el grupo suizo al frente carece de descripción posible, pues no hay palabras que sustituyan a la brutal energía expelida en el show. Laura continúa teniendo una potencia laríngea capaz de reventar el hormigón armado, sin olvidar sus dotes de conexión social como figura central del grupo. Aunque todavía resonaban los ecos melódicos de Seraina cuando se ejecutaron temas de los primeros álbumes, es innegable refutar el hecho de que Laura es la bestia vocal adecuada en el combo femenino. La férrea base estructural que se mantuvo con los graves del huracán personal que Jeanine junto a la excelsa percusión de Lala se ganó una fervorosa admiración continua. Verlas dar lo mejor de sí con sus instrumentos se convirtió en cualitativo símbolo que resalta las claves del éxito que ostenta Burning Witches. De Romana hay poco que decir salvo ese intenso portento artístico que la rodea como guitarrista del más alto nivel. Haciendo una cordofonía bien pulida y sin fallos de ningún tipo, equilibró el contacto social con sus dotes musicales. Junto a Laura, se conformó como una de las ídols del concierto, incrementando el gusto escénico a través de su particular juego rítmico y solista. Más que un apoyo hacia Romana (¡juntas se convertían en un dúo inédito de magnificencia!) la presencia de Courtney fue todo un despliegue sonoro que encandiló a los presentes sin olvidar su continua alegría en directo. Después de una debacle pasada en la búsqueda de estabilidad cordófona dual, Courtney ha logrado llevarse el título honorífico que tanto se deseaba en Burning Witches, fortaleciendo una propuesta musical suiza que, con poco más de una década de trayectoria profesional, se ha consagrado cual leyenda del metal/rock actual.
Su Ta Gar
Sin duda la jornada del viernes en el festival ZLive, este año, pasara por la resurrección, de sonidos de bandas leyendas del heavy metal. Llegaría el turno de dar la bienvenida a la banda vasca Su ta Gar, que se acercarían al festival celebrando el 35º aniversario de su legendario álbum debut, “Jaiotze Basatia”. La expectación era máxima para presenciar a una banda que cambió las reglas del juego a finales de los ochenta, demostrando que el heavy metal más clásico, encajaban a la perfección con las raíces de su lengua. El cuarteto no se guardó absolutamente nada, haciendo una clase magistral de historia por lo mejor de su discografía, interpretando al completo los temas de su álbum debut. Asi canciones como “David eta Goliath”, “Jaiotze Basatia”, y “Zure Atzetik”, de inmediato desataron los primeros pogos bajo el cielo zamorano. La comunión con el público se consolidó rápidamente al sonar «Begira«, un tema histórico y cargado de emotividad. La apisonadora sonora continuó su curso imparable con «Sistematik Ihes«, y la mística «Mari«, una pieza fundamental de su discografía, dedicada a la diosa suprema de la mitología vasca, cuyas densas texturas de guitarra envolvieron el recinto en una atmósfera ancestral. Aitor Gorosabel a la voz y guitarra principal, y el resto de músicos, dieron una auténtica lección de maestría de la vieja escuela, mientras interpretaban cada uno de los temas. Hacia el ecuador del show, el concierto mantendría la intensidad a un gran nivel, gracias a sonidos complejos y pesados, dejando claro que el paso de las décadas no ha restado un solo ápice de contundencia, ni de velocidad, a las ejecuciones técnicas.
La recta final del concierto estaba diseñada para quedar grabada a fuego en la memoria de los asistentes del Z! Live, abriendo el bloque de desenlace con la rabiosa «Etsi Gabe«. Lo que vino a continuación fue la apoteosis absoluta y el momento más esperado de la tarde, los acordes de «Jo ta Ke«, el himno por excelencia de la banda, que hizo temblar los cimientos de IFEZA con miles de gargantas cantando su estribillo al unísono. Cuya interpretación, en perfecta sincronía con la velocidad endiablada de la batería, y de los riffs de guitarra, sincronizaban a su ritmo, con una brutal exhibición de pirotécnica, con inmensas columnas de fuego que se alzaban majestuosas sobre el escenario. La traca definitiva y explosión final llegó de la mano de «Alarma Egoera«, donde continúo las columnas de fuego, que iluminaron la noche de Zamora. Mientras el grupo descargaba sus últimos y destructivos compases, Su ta Gar se despidió con una ovación atronadora por parte del público, dejando tras de sí un rastro de cenizas, calor sofocante en las primeras filas, y la absoluta certeza de que, tras más de treinta y cinco años de trayectoria, siguen siendo los reyes indiscutibles del heavy metal vasco.
Blaze Bayley
Y pronto llegaría el turno de una de las actuaciones más esperadas de la tarde, por la posibilidad de rendir un homenaje al sonido de la NWOHMB. El carismático vocalista británico Blaze Bayley vendría a tierras zamoranas para ofrecer su aclamado «Iron Maiden Anniversary Show», una propuesta enfocada en exclusiva en rescatar, defender y reivindicar el legado de culto, de los dos álbumes de estudio, que grabó con la Doncella de Hierro en la década de los noventa, “The X Factor” y “Virtual XI”. Tras el clásico “Doctor, Doctor” de UFO, que corrió a cargo de los chicos de Absolva, su infalible banda de acompañamiento desde 2014, formada por Christopher Appleton, Tom Atkinson, Luke Appleton y Martin McNee, Blaze saltó al escenario desatando la locura de los seguidores más fieles. Ofreciendo un repertorio, que fue un auténtico viaje en el tiempo, donde no faltaron piezas indispensables como “Lord of the Flies”, “Man on the Edge” y “Futureal”. El nivel no decayó en ningún momento gracias a la entrega de una formación compenetrada al milímetro que continuó desgranando joyas como “The Clansman” y “When Two Worlds Collide”. Aunque dentro de su amplio setlist por los mejor de su etapa en Iron Maiden, también hubo tiempo para disfrutar con temas propios, y el público lo agradeció cuando los primeros acordes de “Born as a Stranger” sonaron en la explanada del festival. Bayley se mostró en todo momento sumamente cercano, agradecido y participativo sobre el escenario, demostrando que su leyenda musical ha ido ganando un enorme reconocimiento, y justicia histórica, con el paso de los años, completando así una de las actuaciones más memorables, potentes y coreadas de todo el festival.
Tras este arrollador y nostálgico despliegue sobre el escenario principal del IFEZA, tuvimos la valiosa oportunidad de charlar con el veterano y motivado cantante. Durante la conversación, quisimos preguntarle acerca de sus sensaciones actuales y cómo afrontaba el haber sido invitado a actuar el escenario Maidenville en el festival EddFest en Knebworth para celebrar los 50 años de Iron Maiden, y sobre la difícil tarea de elegir y adaptar un repertorio tan sumamente amplio para el formato reducido de un festival. Donde, Blaze nos confesó con total honestidad, y una mezcla de frustración artística que, sencillamente, un listado de canciones de tal calibre no se puede adaptar a estos eventos, calificando la experiencia de selección, como algo «absolutamente horrible». El vocalista nos explicó que cuando tienes apenas una hora sobre el escenario, es sumamente difícil recortar, ya que su setlist principal de grandes éxitos de Iron Maiden suele superar las dos horas y media de duración debido a la envergadura y extensión de las composiciones. Canciones monumentales como “Sign of the Cross” o “The Clansman” demandan casi diez minutos de ejecución cada una, lo que reduce drásticamente el número de temas que se pueden incluir en sesenta minutos de concierto. Blaze nos comentaba que le resulta doloroso dejar fuera canciones que le apasiona interpretar, y que muchos fans nunca han podido disfrutar en vivo, teniendo que resignarse a elegir «lo que queda» para encajar en el tiempo asignado. Aun con esa limitación de tiempo, se mostró sumamente entusiasmado por la invitación a tal importante fecha, señalando que sus años de experiencia bien vale, un espacio importante en la mítica banda.
HEAT
Bien se conoce la reputación de la genial maquinaria sueca de H.E.A.T. así como el poder de convocatoria que tiene Kenny Leckremo y los suyos. Cuando se trata de rockear el cuerpo en base al mejor AOR escandinavo con efluvios clásicos, es la banda indicada con motivo de hacer vibrar un festival por todo lo alto. No hubo nadie que se salvó de la increíble descarga musical de H.E.A.T. en el Z! Live, regalando momentos especiales para todo tipo de público, fuera veterano, novicio o infantes. Poco más de una hora se quedó muy corta para disfrutar del precioso estilo que se gasta el combo sueco, dejando un regusto perenne para la posteridad del evento. Sin duda, veinte años de trayectoria profesional hacen a H.E.A.T. una leyenda a tener en cuenta como símbolo de calidad en directo, más si se cuenta la originalidad compositiva y la facilidad de conexión social que siempre se evidencia en sus shows.
Es muy difícil, en la actualidad, escoger un setlist que guste en unanimidad, pues con la inmensa cantidad de temas que hay en su palmarés discográfico, ¿qué más se puede pedir? A la vez que la presentación del reciente “Welcome to the Future” y otros trabajos modernos, la banda no se olvidó de regalar esas perlas inmortales que ya son la coreada “Beg Beg Beg”, la acústica de “1000 Miles” o el tremendo éxito de “Living on the Run” que la gente no dejó de llorar durante su interpretación. Un acierto a reconocer como clave triunfal es el perfecto sonido desplegado con la buena nivelización de la guitarra y dejando el espacio a las virguerías teclistas de Jona. Es decir, un frenesí de espectáculo musical repleto de sorpresas y que también contó con la adecuada presencia de la pantalla digital trasera, enfatizando la diversidad escénica en todo su esplendor. ¿Quién podría resistir un heavy/hard rock tan intenso al final de la tarde en el Z! Live?
Aunque todavía hay quien echa de menos a Erik Grönwall (¡pocos no son!) al frente de las vocales, ya no cabe duda que el regreso de Kenny devolvió el fiero espíritu de lucha que caracterizó a H.E.A.T en sus inicios. Dispuesto a no dejar caer los ánimos en ningún momento y cual guía de baile y/o coreografía, Kenny se ganó otro plus de admiración y empatía por su incesante labor lírica y dueño del interés general. Desbordando un glamour digno del estrellato musical, recibió el merecido reconocimiento continuo de un público entregado a sus pies. Torreones de calidad indiscutible en la cordofonía, Dave y Jimmy unieron la guitarra y el bajo en un dúo rítmico que no palideció en la velada, realzando el valor de los temas, ya fueron modernos o clásicos. Seguros de sí mismos y siguiendo la estela de Kenny, se convirtieron en otro atractivo de calidad inaudita de H.E.A.T. en directo. Su ímpetu personal en ofrecer su mejor rol artístico los define como piezas centrales del éxito exponencial del grupo, llevándose la sorpresa general una vez más.
Muy bonito hablar de la zona frontal que se movía por H.E.A.T. aunque la retaguardia obtuvo su asombro social de la fuerza expelida en el concierto. Con muchas ganas de seguir moviendo caderas y cabezas gracias a su percusión, Crash no dejaba de reír entre bombos y platillos. Irradiaba tanta felicidad que superó, con creces, el éxtasis grupal en el desarrollo de las canciones. Lo mismo le sucedió a Jona, cuya programación accesoria en el teclado le valió un extraordinario plus de control ambiental. Su énfasis en el mantenimiento de las progresiones musicales y el apoyo lírico hizo que muchos temas, en especial nuevos, obtuvieran un toque de significancia especial. Cualquier mente y corazón floreció con la actuación de H.E.A.T. a pesar de la falta de bises que tanto se necesitaban cuando “One by One” y “A Shot to Redemption” finalizaron un show repleto de energía rockera con un sello de identidad propio que está destinado a sonar más allá de las estrellas.
Saxon
Desde el primer día del Z! Live, algunas águilas sobrevolaban el recinto de vez en cuando. En su penetrante mirada, el deseo de ver una leyenda del metal/rock británico se hizo realidad cuando la noche zamorana se vistió de multitud de chaquetas con parches para recibir a los míticos Saxon. Casi medio siglo de trayectoria profesional y una treintena de álbumes de estudio son la prueba más básica de por qué se venera tanto al quinteto que lidera el incombustible Biff Byford. El heavy/rock le debe mucho a Saxon desde principios de la década de los 80’, al igual que Reino Unido. El sentimiento unitario alrededor de la banda respecto a su trascendencia mundial fue la guía perfecta de un show que no tuvo reparos en ser de una magnificencia total. No importaba la edad del público ni el gusto variado sobre el combo británico; ¡lo único necesario de aquella ocasión era alzar las manos en favor del patriotismo heavy y corear los himnos clásicos de Saxon que venían en su espectacular gira “Castles and Eagles”!
Seleccionar un setlist adecuado de Saxon para la velada en el IFEZA requería un esfuerzo mayor del imaginado, pues incluso tocando temas clásicos, no todos quedarían conformes (¡no siempre puede llover al gusto general!). Sin embargo, Biff y compañía tenían claro que tres icónicos discos coparían el ardiente deseo social que tanto se necesitaba, “Wheels of Steel”, “Strong Arm of the Law” y “Denim and Leather”. Por supuesto que no faltaron algunos cortes sueltos de grandeza histórica, pues “Crusader” ha marcado generaciones juveniles, al igual que los rudos acordes de “Dogs of War”. El aderezo escénico también tuvo gran parte de protagonismo en el éxito de los sajones, retomando el uso digital de diapositivas con las carátulas en la retaguardia y un juego de iluminación muy colorido dentro de una escueta oscuridad frontal. La dualidad entre las sombras y el humo artificial formados con otros detalles sobre el escenario conformaron un ambiente de la vieja escuela que encandiló a los presentes, dejando una atmósfera de puro metal/rock férreo y candente.
Que Biff peina canas y arrugas por igual es un hecho probado, pues con 75 años, ¿quién no lo hace? Obviando el paso del tiempo en el cuerpo, es innegable el hecho del buen estado de forma que tiene el cantante desde hace unos años. Con una voz revitalizada y una actitud muy cercana con el público, el espíritu juvenil aún mora en él para cantar los himnos de Saxon a la perfección. Su presencia al frente se ha convertido en un estandarte de calidad que levanta pasiones en los fans de la NWOBTH. Verle ejecutar las líricas a través de un fervor intrínseco capaz de fortalecer la voluntad es algo que debería estudiarse en Psicología. Durante el transcurso del show, las chaquetas volaron al escenario, siendo recogidas y firmadas por Biff como muestra del increíble apoyo hacia Saxon. A su lado, la veteranía bajista de Nibbs no podía contener el azogue de reventar los graves para que la gente notase la potencia de las canciones en sus líneas estructurales. Aquí también se sumó el excelso rol baterista de Nigel, cuyas portentosas manos no dejaron el kit percusionista intacto al final del show. Con una base sólida y envuelta en un aspecto técnico muy solvente, Saxon logró que el ambiente no dejase de incrementar su devoción hacia un límite que estallaba a cada momento de los coros o la apelación social. Siempre atento a la respuesta del público conforme a las necesidades del show, Biff estuvo increíble como receptor de las peticiones bajo esa particular faceta de “tío duro” que, en el fondo de su corazón, elogia y devuelve los cumplidos en mutuo acuerdo o más.
¿Qué podríamos decir del dúo cordófono que conforman Doug y Brian? Ante todo, un merecido aplauso por el reparto equitativo de ritmos y solos, porque ambos juegan en la misma línea de veteranía artística. Manejando las guitarras en unas capacidades inauditas, la edad no es impedimento para que ambos se conformasen como adalides supremos de Saxon al lado de Biff. Ya fuera en los laterales escénicos o juntos en grupo, desarrollaron un compendio sonoro tan nítido que las notas y acordes entraban en las orejas como yunques de realidad. El contraste atemporal supuso un extra añadido en la escénica global del evento, pues había una gran diferencia entre ambos. Mientras Doug parecía algo más concentrado en tocar la guitarra sin fallos, Brian era un puro derroche de dinamismo personal, como si él mismo gozase más que el público durante la actuación. A pesar de su reciente incorporación a Saxon y dejar a Diamond Head en espera, el mítico músico hizo las delicias con un despliegue propio ilusionante. De tanto cantar los temas y fluir por la música de la leyenda británica, el público apenas creía que el fin con “Princess of the Night” despidiese a los artistas con una clara referencia de vuelta en un futuro próximo. Sea como fuere, Saxon es historia viva del metal/rock mundial y gozar de su actuación en el Z! Live demostró que los clásicos nunca mueren, no mientras la unidad sociocultural siga viva y en pleno apoyo.
Coroner
Inglaterra y Suiza fueron los absolutos ganadores en el Z! Live 2026; ¡cero dudas! Blaze Bayley y Saxon pusieron el toque sajón de calidad, pero Burning Witches y Coroner fueron las sorpresas inesperadas de la segunda jornada. Después de volver a la escena musical, quince años han tardado los forenses del metal/rock extremo en sacar un álbum de estudio; ¡mereció mucho la pena el tiempo de espera! “Dissonance Theory” no deja de cosechar éxitos en la crítica especializada y el ámbito mediático, llevando el thrash técnico a un nivel de exploración poco visto en la actualidad. Más allá de la consciencia progresiva y elementos variados en la diversidad ilimitada de la composición musical, Coroner siempre ha destacado por la facilidad de recrear un “caos disonante” que llame la atención y evite el tedio mental. Con esa premisa por bandera, el veterano trío helvético provocó un aluvión de interés y respuesta social favorable en el desarrollo de su show en la noche zamorana. Con una escénica minimalista y de oscuridad palpable, Coroner hizo honor a su impecable trayectoria profesional con la omisión de guiños y/o cortes hacia sus primeros discos, aunque se rescató ese icono clásico que es “Masked Jackal”. La presentación del nuevo álbum era prioritaria, pero hay que reconocer que el grupo supo escoger las canciones más brutales para su concierto. Además, la pantalla digital trasera jugó un papel muy importante en la ambientación musical, estableciendo un vínculo perfecto entre la música y la dinámica de las escuetas diapositivas de temática evolutiva (¡de lo mejor junto a Saxon!). La única pega al show fue el exceso de humo en algunos pasajes, donde casi no se llegaba a ver nada de la actuación. ¡Por suerte, no duró mucho aquel inconveniente!
Suerte tuvo el Z! Live con el hecho de que Coroner no tocase temas de “R.I.P.” y “Punishment for Decadence”, ¡porque la gente habría contemplado los moshpits más violentos del festival! La época thrasher del grupo suizo terminó hace mucho, pero los continuos coqueteos con él son la prueba de que es imposible deshacerse de un pasado glorioso e innovador. La cordofonía dual de Ronald y Tommy se mantuvo en una dimensión sonora tan cruda y pesada que hizo volver a los fans extremos a los años noventa sin apenas esfuerzo. Modulando la voz en función de las líricas y guiando el éxtasis social por su dotes bajistas, Ronald subió el volumen a los graves en plena competición amistosa con Tommy. Sin embargo, éste presentó un estado holístico de pura calma con motivo de ejecutar la disonancia musical que tanto queríamos disfrutar en directo. La relativa falta de dinámica en Tommy se obvió al contemplar cómo regalaba ritmos caóticos de enfermizo orden, quebrando acordes de progresiones típicas o cambiando el estilo musical a voluntad sin previo aviso. ¡Ni el género progresivo es tan impredecible como el estilo creativo de Coroner! Dispuesto a romper mentes y cuerpos con su fiera ejecución baterista, Diego no se cortó en aporrear la percusión de forma salvaje, escudando al resto en un aura de potencia comedida que poco le faltó para explotar por los aires. Algo oculto en la esquina derecha y con motivo de mantener la vanguardia tecnológica del grupo, Daniel se encargó de colocar un orden de programación externo que ayudó a clarificar la disonancia en un público que acabó por el suelo debido a la enérgica descarga de Coroner durante su actuación. Quizás muchos no entiendan la música de los suizos, pero no pueden negar que el encanto hacia lo desconocido y la conjugación de los oxímoron hizo al grupo ganarse un meritorio aplauso general en el Z! Live.
Ekyrian
El cierre a la jornada del viernes ya tocaba irremediablemente a su fin, y los encargados de poner el fin definitivo, bien entrada la madrugada, fueron los madrileños Ekyrian. Quienes descargaron su propuesta de folk metal ante un público que, a pesar del cansancio acumulado, mantenía las ganas de fiesta intactas. El grupo saltó al escenario abriendo fuego con su tema homónimo «Ekyrian» para enlazarlo de inmediato con la potente «Alza la Vista«; un arranque ambicioso en el que, desgraciadamente, se hizo evidente que el teclista sufría problemas de sonido. Por fortuna para todos, estos inconvenientes técnicos fueron resueltos con destreza, haciendo, a volver a rugir el sonido completamente equilibrado, permitiendo apreciar la riqueza instrumental de una banda donde las flautas y los violines se compenetran a la perfección con una rica base rítmica de sonidos pesados.
A partir de ese instante, el concierto entró en una velocidad de crucero excelente, brillando con luz propia temas como «Kaguya«, una canción inspirada en el folclore japonés que envolvió el ambiente de leyendas. Otro de los momentos más cantados de la noche, llego con la versión de «Colores en el Viento«, el célebre tema de la película de animación “Pocahontas”, reconvertido por los madrileños en un potentísimo himno ecologista. La actuación continuó desgranándo de manera fluida cada uno de las últimas canciones, preparando los ánimos para la traca final. Que llegaría con «La Balada de Wilfred el Enano«, un tema muy festivo que transformó espacio del festival en una auténtica fiesta, donde el público aún se resistía a abandonar el recinto, no parando de saltar al ritmo de la música.
Crónica y Fotografía realizada por A. Wesker y Geles M.R.

























































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