Una vez más en Madrid coincidían dos conciertos interesantes de bandas internacionales, los británicos Gun y los americanos Dokken, y aunque fuera por las glorias pasadas, tenía mucho más mono de Dokken que de Gun. El lugar era la sala Cats, un sala virgen para mi, y que si de mi dependiera, no volvería a pisar, pero como yo no soy el que elige las salas, no me quedará más remedio que tragar.
Las puertas de la sala se abrieron con un pequeño retraso, y tras acceder pude comprobar que es una sala para unas mil personas (apretaditas eso si), con bastantes columnas en los laterales, un escenario bajo y nada de foso para los fotógrafos. Por lo que me dijeron, se están reformando cosas para que al menos lo del foso se solucione, pero espero que cambien también otras cosas, como el sonido, pues ahí bastantes problemas con este tema sin que el responsable sea el técnico de turno.
Como es habitual en casi todas las bandas Glam – Hard Rock de los ochenta, y más en concreto Dokken, el merchandising que traían era bastante ínfimo, concentrándose en un par de camisetas con la mini gira de seis – siete fechas en la espalda.
Vanadine:
Para abrir boca, el telonero era la banda suiza Vanadine, unos absolutos desconocidos con un único disco en el mercado, Liar, del 2014, y que visto lo visto, en lo que a mi respecta, serán aún más desconocidos, pues, siendo generosos, su propuesta musical no me convence en absoluto.
Compuesta la banda por cuatro miembros, Mitch a las voces, Andy a la batería, Chris a la guitarra y Tom al bajo, salieron a escena poco después de las ocho de la tarde, es decir, con un pequeño retraso que al final de la noche en esta sala, podía costar bastante caro, me refiero porque ya se sabe que a las once todo el mundo fuera. Como vestimenta en el escenario, había dos pequeños telones, uno a la derecha con el logo del grupo, y otro con el logo y el título de su disco.
Empezaron con Sign of the time, con un sonido no malo pero tampoco bueno, aunque el grupo tenía buena actitud, la canción pasó bastante desapercibida ante un público que poco a poco iba llegando. El cantante, en cambio, tenía todas las ganas de agradar y tras saludar a la sala Cats, presentó Displeased, que aunque moviéndose en sonidos alternativos, consiguió enganchar al público, despidiéndola con grandes aplausos, aunque a mi no me dijo nada. Hurts mantuvo los ánimos, aunque no entendía porque había tanto tiempo entre tema y tema. Tras acabar esta canción, y el consabido oeoeoeoe, presentó a la banda, teniendo como espectador en un lateral del escenario a Mick Brown, el batería de Dokken.
De lo mejorcito de la noche fue Liar, el primer tema hard rock de su propuesta. Su estribillo pegadizo si que enganchó a la mayoría del público y la despidieron con una sonora ovación. Y a partir de este momento, el concierto de Vanadine se diluyó por el desagüe.
Rainy day empezó como un medio tiempo cambiando el ritmo a un grunge nada convincente que a la gente no le gustó. Como si no pararan ya entre tema y tema, decidieron alargar la parada y hacerle una foto al público antes de Passed away, una balada sin garra ni pasión alguna, y que si encima le sumas que el sonido era bastante embarullado, subiéndose y bajándose el volumen sin ton ni son, aunque al menos el juego de luces no era malo, el concierto se estaba convirtiendo en algo difícil de digerir. Y aún quedaban tres temas.
Are you ready to rock? Se atrevió a preguntar el cantante antes de Fuck U, y no voy a decir que no se pueda englobar dentro del rock en sus múltiples vertientes, pero con ese sonido tan alternativo, la verdad es que me dio un poco de vergüenza ajena. La cosa no mejoró con Da Boobs, una canción ‘sobre tetas’, donde ya rizaron estilos y mezclaron todo lo que se les ocurrió. Se me abrían las carnes.
Por suerte, dejaron para el final Make me day, quizá su mejor tema. Buen hard rock que al fin y al cabo, el público que estaba allí era lo que deseaba escucha. Esta canción, junto a Liar, hizo que sus apenas cuarenta y cinco minutos no fueran tan desastrosos, aunque a decir verdad, espero no volver a cruzarme con esta banda en la vida, o al menos hasta que no se definan en su estilo musical.
Setlist:
Intro
- Sign of the time
- Displeased
- Hurts
- Liar
- Rainy day
- Passed away
- Fuck U
- Da boobs
- Make me day
Dokken:
A las nueve y veinticinco, y ya con una entrada de unas trescientas cincuenta personas, lo cual no está nada mal, aunque yo espera un poco más, se apagaron las luces para disfrutar de las estrellas de la noche. O no.
Con Mark Boals al bajo sin poder acudir y Jeff Pilson diciendo una y otra vez que no a la reunión (lo mismo que Dokken), el grupo, además de con Don Dokken, se presentaban con el sempiterno batería Mick Brown, el guitarrista ya veterano tras once años en sus filas Jon Levin y un sustituto de emergencia al bajo que ya había pasado por este trance años atrás con Dokken, me refiero el bajista Chris McCarvill, que hace poco más de tres semanas estuvo tocando de manera soberbia en Madrid con House of lords, y al que Dokken le debe la vida, al menos en este concierto.
Con un Don Dokken muy estático (tampoco es que este hombre destaque por su oda al movimiento en un escenario), salió con sus gafas de sol y arrancaron con Empire de su última obra editada allá por 2012 Broken bones. A todos nos encantó, y más cuando la enlazó con Into the fire, el primer gran clásico de la noche y que nos hizo a todos volver la mente a 1984, aunque parecía que Don Dokken no se acordaba de la letra de la canción. Dream warriors nos hizo asentarnos en los ochenta, sin embargo, a decir verdad, no era oro todo lo que relucía, pues el sonido era terrible y “la voz” de Don Dokken era… la verdad es que no sé lo que era. Y estábamos en la tercera canción. Este primer bloque finalizó con Sunless days, tema ya de este nuevo milenio. Don Dokken parecía estar un tanto somnoliento (que no estoy diciendo perjudicado), aunque ni de lejos mostraba el deplorable aspecto de hace unos años cuando salió al escenario en Madrid totalmente ebrio. Lo bueno, es que está secundado por tres músicos muy buenos, pues Mick Brown sigue siendo una bestia tras los parches, Jon Levin un terremoto en el escenario, muy rápido tocando, disfrutando haciéndolo y sin dejar de moverse para todos lados, y por último, un Chris McCarvill, que aparte de tocar bien su instrumento, demostró que los coros en House of lords no fueron casualidad, pues le salvó el culo a Dokken en numerosas ocasiones.
El cantante americano se engalanó con su guitarra customizada con la cabeza de tres perros para ofrecernos la cascada de cuatro clásicos de su discografía de los ochenta, cada uno de ellos de un disco. Lo inició con Breaking the chains, parando el tema con el cargante ‘ohohohohoh’ y después, ya que tenía la guitarra, alargar en exceso la parte del solo. The hunter fue una de las que mejores sonaron, y a pesar del mal sonido, Kiss of death puso la sala patas arriba. Pero si de mal sonido hablamos, lo de Alone again no tuvo nombre. Los instrumentos sonaban todos embarullados mientras la voz de Dokken era imperceptible.
En Too high and fly se recuperó un poco el sonido, aunque no la voz del cantante, que se veía más que ayudado con Chris McCarvill, el solo de guitarra de Jon Levin no me convenció. En Madness Hatter tuve la impresión de que se le olvidaba el tema, aunque de nuevo se recuperó en It’s not love que se alargó innecesariamente con un prescindible solo de bajo y la inclusión de algunas estrofas de All right know de los Free.
Antes de terminar It’s not love, Don Dokken cogió de nuevo su guitarra preparándose para In my dreams, pero antes de iniciarlo, tuvieron que detenerse, pues hubo un problema en la batería, y mientras lo solucionaban, Dokken improvisó algo a la guitarra. In my dreams fue absolutamente destrozada por el sonido. El técnico no entendía lo que le pedía Don Dokken y éste se enfadó un poquito con él. Ya sin guitarra, Tooth and nail puso el fin del concierto antes de los bises.
De vuelta, This fire fue tímidamente recibida, al contrario que When heaven comes down, donde la voz de Dokken estaba completamente desaparecida, algo que me dio mucha pena, cubriéndole y mucho las espaldas Mick Brown y McCarvill. El grupo se retiró tras hora y veinticinco, aunque tenían que salir una vez más interpretar Paris is burning, pero cuando se abrió la puerta del backstage, Don Dokken salió por ella, avisó al técnico de sonido y le dijo que se había acabado el concierto. Ni tan siquiera se despidió del público ni nada de eso. Incrédulos, no nos quedó más remedio que recoger nuestros bártulos e irnos. Supongo que la excusa que le dio, fue que no le salía de los mismísimos tocar la canción que faltaba.
Dokken es una de mis bandas favoritas de siempre, pero está claro que los sesenta y dos años de Don Dokken son un lastre muy difícil de sobrellevar. No es que haya sido nunca un derrochador de facultades vocales, pero antes se defendía, en cambio ahora… su sufrimiento en el escenario es enorme, y eso lleva a lo que ha pasado esta noche, grandísimos temas, pero destrozados, y el pálpito que tengo es que esto no es que haya sido una mala noche, sino la constante en su actual carrera. Esperemos que se recupere y pueda volver por aquí, y que podamos disfrutar lo que esta noche no hemos podido hacer. Aún así, me quito el sombrero ante los tres músicos que le han salvado el culo a Don Dokken.
Setlist:
- Empire
- Into the fire
- Dream warriors
- Sunless days
- Breaking the chains
- the huner
- Kiss of death
- Alone again
- To high to fly
- Maddest hatter
- It’s not love
- In my dreams
- Tooth and nail
- Bises:
- This Fire
- When heaven Comes Down
- Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa











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