Sold-out. Entradas agotadas para ver a Yngwie Malmsteen en Madrid. Eso es lo primero que se podía ver al llegar a la sala But, lugar en el que iba a tocar el guitarrista sueco en Madrid. Bocas me quedé, pues no creí que a pesar de los años de ausencia en los escenarios españoles, el “afable” músico aún pudiera tener ese poder de convocatoria, y menos con esos precios “populares”.
Bocas me seguí quedando cuando nada más entrar, vi que en la misma taquilla había un vinilo del World on fire, su último trabajo, firmado por la “estrella” al módico precio de 100€, cien, lo pongo también en letra. Ese era el único merchandising que trajo el señor Malmsteen, y yo diría, que tal como lo trajo, así se lo llevó. No él evidentemente, cómo iba a mancharse él las manos. Alguien de la crew lo haría.
Antes de nada quiero pedir disculpas a los lectores de Metaltrip por la calidad de las fotografías, pero cuando no se puede hacer bien el trabajo y además te lo impiden, pues no hay mucho donde rascar. Y francamente, que no tengo que pegarme con nadie para hacer las fotos y después retirarme. No todo el mundo puede estar haciendo colas de horas para entrar de los primeros y coger buen sitio. Al fin y al cabo las fotos son parte del trabajo. Trabajo insisto. No solo disfrute. Se hacen las fotos y te retiras. Y para eso existen los fosos, y más cuando está todo vendido.
Una vez más reclamo el foso para los fotógrafos. Foso que después del tiempo para hacer fotografías, los tres temas de rigor, se puede incluso desmontar. No como el foso que existía en este concierto, que fue exigencia del “sueco”, si, dicho con desprecio. Foso que exigió para que el público no estuviera “tan cerca”. Acojonante.
No era la primera vez que veía al prodigioso guitarrista sueco y sabía a lo que atenerme, pero sinceramente, esta vez su actuación rayó en lo esperpéntico.
Ya sabemos el trato que Yngwie da a los músicos que tienen los huevos de girar con él, supongo que todo el mundo tiene que comer, pero esta vez los apelotonó aún más si cabe. Yo diría que el teclista Nick Marino estaba incluso fuera del escenario, al menos en parte. Ya lo dijo el propio guitarrista no hace mucho, ningún cantante de los que tuvo era bueno o tenía muchos problemas con ellos. El bueno, sobre todo a las voces es él. JA. Eso si, a falta de telón, había unas torres de amplificadores Marshall increíble presidiendo el escenario.
Con estos mimbres, un par de minutos después de la hora de inicio, el escenario se llenó de humo para que al momento Yngwie Malmsteen saliera al escenario, haciéndolo poco después los músicos que el acompañan, el ya nombrado Nick Marino al teclado y voces, Emilio Martinez al bajo y Mark Ellis a la batería. Me llevé una agradable sorpresa, pues al menos físicamente, Yngwie Malmsteen estaba realmente mejorado, con un gran físico.
Rising force, o al menos un trozo de ella, fue lo primero que sonó, y digo un trozo porque esa fue más o menos la norma en las canciones que no eran instrumentales. No acabarlas. ¿Para qué? Si aquí lo que cuenta es Yngwie y su habilidad sobre el mástil.
Enlazando instrumentales de uno y otro disco, Repent del Speelboung, Into Valhalla del Relentless o Soldier de su última obra World on fire, y repartiendo púas por doquier, continuó con el homenaje que en forma de balada le hace a su mujer con Like an angel, en el que demostró su gran habilidad al mástil y su poca habilidad vocal.
Llegó el momento de los grandes clásicos de la música clásica, con Bach en Badineri, y Paganini con su concierto número 4 en D minor. El virtuosismo del señor Malmsteen quedó bastante palpable, y mucho más cuando atacó Far Beyond the sun, la cual, mal que me pese, no tuvo un sonido precisamente bueno.
The seventh sign, ya el décimo tema, fue el primer contacto que tuvo Mr Ego, uy, perdón, el señor Malmsteen, para dirigirse al público, pero solo fue para presentarlo. Y entre el teclista y el propio Yngwie se las apañaron a las voces, dando las gracias al final del mismo. Casi lloro de la emoción…. por lo de dar las gracias quiero decir.
World of fire la enlazó con un pequeño tonteo de Smoke on the wáter, al que le acompañó el bajista. Espero que estuviera en el guión y no fuera decisión propia del bajista o tendrá los días contados por su “iniciativa”.
A partir de aquí, el pajeo mastilístico del señor Malmsteen se desbocó por completo. Que si, que es muy bueno, que es muy virtuoso, y que me gusta cómo toca, pero en un concierto hay que repartir los tiempos y no solo ser yo, yo, yo, yo y después otra vez yo durante tantos minutos seguidos. Como si no hubiéramos tenido bastante sesión de solo, aún se le dio protagonismo al batería con un breve solo que se enlazó con el clasicazo You don’t remember, I’ll never forget, el cual consiguió despertar los ánimos con un público absolutamente entregado. Hasta Yngwie se dio cuenta y dio repetidamente las gracias tanto a mitad de tema como al final.
Se retiraron unos minutos para volver con Yngwie y el teclista, comenzando Black star ya con todos los miembros y finalizando con I’ll see the light tonight con Marino a las voces. Después, ya la monda… con un gesto de su mano, Yngwie despidió a sus músicos y estos obedientes salieron del escenario para que todos los aplausos fueran exclusivamente para él.
Me alegró mucho que el promotor hubiera vendido todo el papel, lo digo sinceramente, pero no me alegré nada de que el comportamiento de Yngwie fuera el que fue, y supongo que seguirá siendo. Esperemos que “alguien” le haga ver la luz y regrese como ha de regresar, con músicos contrastados, un set como tiene que ser, y si puede ser, sin tanto ego.
Set list Yngwie Malmsteen:
- Rising force
- Repent
- Into Valhalla /baroque
- Soldier /Top down/ No rest
- Like an angel
- Badinerie
- Paganini’s 4th /Adagio
- Far beyond the sun
- The seventh sign
- Overture /1000 cuts / Apreggios
- World on fire
- Ships Burned
- Evil eye
- Trilogy
- Blue
- Fugue
- Drum solo
- You don’t remember, I’ll never forget
Bises:
- Black star
- I’ll see the light tonight
Crónica y fotos: Fernando Leal Vielsa






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